Un nuevo modelo de trabajo social para las personas en situación de calle en Brasil.
Por Mariela Torroba Hennigen (Argentina-Brasil)
En Porto Alegre, la iniciativa Troque a Fome por Flor empodera a las personas en situación de calle mediante la venta de flores y la educación financiera. Este innovador modelo de intervención social en Brasil reemplaza el hambre con dignidad, ofreciendo un camino hacia la independencia a través del trabajo.
Cuando Lorenzo Dovera terminaba sus estudios universitarios en administración pública y social en 2021, su proyecto de tesis destacó la falta de políticas en la ciudad de Porto Alegre, Brasil, para ayudar a que las personas en situación de calle generen ingresos.
“Lo que notaba con frecuencia era que salían de los albergues a las seis de la mañana y pasaban todo el día frente a la entrada esperando poder volver a entrar”, comentó. Esto también ocurría durante la fase final de la pandemia de covid 19: mucha gente desempleada, viviendo en la calle, sosteniendo carteles que decían: “Tô com fome. Me ajuda” (“Tengo hambre. Ayúdame”).
“Y de ahí nació la idea… ¿Por qué no reemplazar esos carteles con algo que los ayude de una manera más digna?”
La iniciativa que cambia vidas
De esa idea nació el proyecto Troque a Fome por Flor (“Cambia el hambre por una flor”). Los vendedores se llaman “floristas”. El primer intento fue cerca del Día de la Madre, por eso eligieron flores como producto inicial. Con el crecimiento del proyecto comenzaron también a vender plantas de hierbas aromáticas en recipientes hechos con envases reciclados de cartón de leche Tetra Pak.
Cada caja contiene 15 plantas. A medida que aumentaba el número de participantes, Lorenzo introdujo la educación financiera. “Nació esta conciencia”, explicó: “No puedo gastar todo el dinero que gano vendiendo estas plantas. Tengo que separar una parte”.
Cada vaso debía venderse por un mínimo de R$ 5. Luego los floristas podían comprar cuatro nuevas cajas por R$ 1 para revender la semana siguiente.
“La idea es crear un progreso con ellos. Nuestro lema es la confianza. Confío en que volverás el próximo sábado y me traerás R$ 1”, explicó Lorenzo. Añade que es importante generar responsabilidad para aprender a ahorrar dinero.
Generar confianza y responsabilidad
Liderar el colectivo implica desafíos diarios: encontrar colaboradores para la educación financiera, recibir donaciones y recolectar, limpiar y transformar cartones de leche en macetas. “Eso es lo bonito”, dice. “Esta cadena la veo como una cadena fraternal, hecha de cariño, amor y respeto”.
Todos los sábados a las 11, bajo el viaducto Imperatriz Leopoldina, Lorenzo se reúne con los floristas. Participan regularmente unos 12, pero entre 30 y 40 personas nuevas se suman cada mes.
“Es maravilloso porque pasan tantas cosas allí”, cuenta. Además del proyecto, hay barberos, una ONG que distribuye comida, grupos que ofrecen atención médica y voluntarios que ayudan con los animales. Cada uno trae su propio dolor y angustia, pero por un momento se genera un ambiente diferente.
Lo que podemos aprender
Para Lorenzo, la mayor lección es la gratitud. “Despertar en tu propia casa, tener tu cama, tu baño… No saber si vas a despertar al día siguiente es lo que más ansiedad les genera. Es una lección diaria de reflexión: no deberíamos quejarnos cuando lo tenemos todo”.
También espera que se cuestionen los prejuicios. “Hay un dicho muy común: ‘Si estás en la calle es porque quieres’. No es así. La mayoría está allí en contra de su voluntad. La calle es el peor lugar para estar. Nadie elige eso como proyecto de vida”.
Lorenzo ha visto a varios floristas salir de la calle. Débora Pedroso Porta, por ejemplo, acaba de firmar un contrato fijo. Trabajó aproximadamente un año como florista.
“Venía de fuera de la ciudad. No tenía dónde comer, excepto en el albergue. Alguien me dijo: ‘Si compras una flor pequeña y la vendes, la semana que viene puedes devolver un poco más’. Así fue como me mantuve. Nunca necesité prostituirme ni robar. Todo lo hice solo con mi trabajo”.
Para Débora, la experiencia es “maravillosa” porque aprende algo nuevo cada día y conoce gente nueva. “Cuando nos entregamos, recibimos muchísimo a cambio. Debemos dar sin esperar nada, porque las cosas en la vida se resolverán. Solo ten fe”.
“Saber que alguien ya no necesita vender flores es la mejor noticia del mundo”, concluye Lorenzo. “Es lo que me motiva y lo que impulsa el proyecto a seguir adelante”.



