La historia de la Iglesia se construye en la tensión fecunda entre continuidad y renovación. Cada pontificado, con su estilo propio, se inserta en una tradición viva que no se interrumpe, sino que se profundiza. En este horizonte se comprende mejor la relación entre el magisterio del papa Francisco y el actual pontificado del papa León XIV, como desarrollo coherente de una misma visión eclesial, pastoral y social.
Por Neva Cifuentes (Chile)
Iglesia misionera, abierta y fraterna
Desde el inicio de su pontificado, el papa Francisco insistió en una “Iglesia en salida”, misionera, capaz de ir a las periferias humanas y existenciales, y de no encerrarse en dinámicas autorreferenciales. Esta idea atraviesa documentos centrales como Evangelii gaudium, donde se propone una Iglesia que anuncia el Evangelio desde la alegría, la cercanía y la misericordia.
El papa León XIV retoma explícitamente esta intuición. En su discurso al Colegio Cardenalicio (10 de mayo de 2025), destaca algunas notas fundamentales: el regreso al primado de Cristo en el anuncio (cf. n. 11); la conversión misionera de toda la comunidad cristiana (cf. n. 9); el crecimiento en la colegialidad y en sinodalidad (cf. n. 33); la atención al sensus fidei (cf. nn. 119-120), especialmente en sus formas más propias e inclusivas, como la piedad popular (cf. 123); el cuidado amoroso de los débiles y descartados (cf.n. 53); el diálogo valiente y confiado con el mundo contemporáneo en sus diferentes componentes y realidades (cf. n. 84, Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 1-2). En sus primeras palabras tras la elección, llamó a construir “una Iglesia misionera, que tienda puentes, que dialogue y que esté siempre abierta a la acogida”, retomando casi literalmente el lenguaje pastoral de Francisco.
Vatican News ha subrayado que existe “un hilo conductor en las enseñanzas del nuevo Papa, quien propuso un modelo de comunidad cristiana donde se vive la comunión, misionera y, por lo tanto, capaz de servir a todos, comenzando por los más necesitados, comprometida con fomentar el diálogo y la paz” (Fuente: Andrea Tornielli, 8 de noviembre de 2025).
Paz, fraternidad y justicia social
Uno de los ejes más visibles de continuidad es el compromiso con la paz y la fraternidad universal. Francisco desarrolló este tema de modo emblemático en Fratelli tutti, donde propuso una amistad social capaz de superar guerras, exclusiones y polarizaciones.
León XIV ha hecho de la paz su primer gran mensaje pastoral. Una Iglesia unida, signo de unidad y comunión, que se convierta en fermento para un mundo reconciliado. En su discurso inaugural habló de una paz “desarmada y desarmante”, en clara sintonía con el tono y el contenido del magisterio de su predecesor. Haciendo un fuerte llamado “a ofrecer el amor de Dios a todos, para que se realice esa unidad que no anula las diferencias, sino que valora la historia personal de cada uno y la cultura social y religiosa de cada pueblo. Hermanos, hermanas, ¡esta es la hora del amor! La caridad de Dios, que nos hace hermanos entre nosotros, es el corazón del Evangelio” (Discurso, 18 de mayo de 2025).
Doctrina social de la Iglesia
La elección del nombre León XIV no es casual. Remite directamente a León XIII, iniciador de la Doctrina Social de la Iglesia con Rerum novarum.
En este punto, la continuidad con Francisco es explícita. El nuevo Papa ha señalado que su pontificado recoge el legado social y pastoral de Francisco, aplicándolo a una “nueva revolución industrial” marcada por la inteligencia artificial y los cambios globales. Esto enlaza directamente con Laudato si’ y Laudate Deum, donde Francisco abordó la ecología integral y las estructuras económicas que afectan la dignidad humana. Preocupación que retoma de manera magnífica en la Exhortación apostólica Dilexi te, sobre el amor hacia los pobres (4 de octubre de 2025) que en su parte conclusiva dice: “El amor cristiano supera cualquier barrera, acerca a los lejanos, reúne a los extraños, familiariza a los enemigos, atraviesa abismos humanamente insuperables, penetra en los rincones más ocultos de la sociedad. Por su naturaleza, el amor cristiano es profético, hace milagros, no tiene límites: es para lo imposible. El amor es ante todo un modo de concebir la vida, un modo de vivirla. Pues bien, una Iglesia que no pone límites al amor, que no conoce enemigos a los que combatir, sino solo hombres y mujeres a los que amar, es la Iglesia que el mundo necesita hoy.”
El llamado hacia una Iglesia humilde, servidora y no autorreferencial, entre otras, son notas que también encontramos en ambos pontífices. Esto nos habla de una continuidad profunda en la visión de Iglesia, en la opción por los pobres, en la búsqueda de la paz y unidad. Pueden cambiar los estilos, los contextos, los acentos, pero permanece una misma convicción: la Iglesia existe para anunciar a Cristo sirviendo a la humanidad, especialmente a quienes más lo necesitan. Como fruto de la fidelidad al Evangelio.



