Del 18 al 20 de septiembre, Castel Gandolfo reunió a científicos, investigadores y protagonistas de distintos países y continentes, desde Argentina, Brasil, Colombia, Uruguay, México, Estados Unidos, Canadá, Senegal, Líbano, Australia, hasta Francia, Portugal, España, Austria, Bélgica, Hungría, Suecia, Irlanda e Italia, en el encuentro internacional de EcoOne, bajo el lema “Identidad, Red, Futuro”.
Por Edison Barbieri y María Florencia Decarlini (Brasil y Uruguay)
Más que un congreso, fue un espacio de diálogo entre ciencia, cultura, justicia social y cuidado de la casa común, orientado por una pregunta central: ¿cómo cuidar el planeta sin separar la cuestión ambiental de la vida de las personas? La respuesta que atravesó las jornadas fue tan simple como exigente: es necesario aprender nuevamente a vivir en relación, porque la crisis actual no es solo ambiental, sino también social, cultural y humana, y por tanto no puede resolverse únicamente con tecnología o medidas aisladas de conservación.
1. Fundamentos teóricos y científicos de la sostenibilidad relacional
El aporte epistemológico de Sergio Rondinara
El profesor Sergio Rondinara, docente de Epistemología, remonta el nacimiento de EcoOne a una intuición formulada por Chiara Lubich el 27 de mayo de 1999, hundiéndose sus raíces en la experiencia mística de 1949, una experiencia en la que la contemplación del misterio de Dios, vivida dentro y en medio del pequeño grupo que la acompañaba, abrió una nueva comprensión también de la naturaleza creada, pues en esa contemplación estaba comprendido todo el mundo natural. Las dinámicas relacionales trinitarias vividas en aquel período y la visión sapiencial madurada por Chiara han conservado, desde entonces, un valor permanente, una comprensión teológica que ilumina el significado de la persona humana y también el de la naturaleza vegetal y animal, llamada ella también, junto con la humanidad, a la redención en la perspectiva escatológica.
La mirada sociológica e interdisciplinaria de Vera Araújo
Por su parte, la socióloga brasileña Vera Araújo, conectada en línea desde Brasil, aportó una profunda reflexión sobre la llamada del ser humano a participar en el cuidado respetuoso de la creación. Su perspectiva subraya que la visión de una ecología relacional no queda confinada a la abstracción, sino que posee la capacidad de encarnarse en múltiples disciplinas —como la antropología, la teología, la filosofía, la sociología, la pedagogía y el derecho— para incidir de manera concreta en la realidad social e iluminar las respuestas al clamor de la Tierra y de los pobres.
La confirmación de las ciencias naturales: Stefania Papa
Desde las ciencias biológicas, Stefania Papa, ecóloga de la Universidad de Campania Luigi Vanvitelli y coordinadora internacional de EcoOne, demostró cómo la propia ciencia contemporánea desmiente la noción de un mundo fragmentado. En la naturaleza no existen células o seres aislados; la vida se sostiene mediante la interdependencia. En el mundo vegetal, por ejemplo, las plantas cooperan, intercambian agua y nutrientes, e incluso las especies más provistas ayudan a sostener a las más frágiles en momentos de escasez. La naturaleza enseña así que la interdependencia y la cooperación son leyes biológicas fundamentales que los seres humanos debemos imitar en nuestras estructuras culturales y económicas.
Y esta es la visión de EcoOne: ver el mundo como una red de relaciones. Esta es su misión: sanar las relaciones, empezando por el corazón, por las decisiones cotidianas y por la forma en que nos vemos unos a otros. Pues el hilo de oro que une a todos los seres no se encuentra en la tecnología ni en el poder; se encuentra en el amor.
2. El aporte distintivo del pensamiento latinoamericano
Las intervenciones de los académicos y profesionales de América Latina aportaron un tono situacional, crítico y propositivo de enorme relevancia para el debate global, conectando el diagnóstico ético-teológico con la justicia social y ambiental.
Cosmoteandrismo y sostenibilidad relacional
En un trabajo conjunto que articuló reflexiones teológicas e interdisciplinarias, Lucas Cerviño y Gabriel Ferrero denunciaron que la actual crisis ambiental es reflejo directo de una ruptura antropológica derivada del modelo de dominación sobre la naturaleza. Frente a ello, postulan una visión “cosmoteándrica” y “centrada en la vida”, donde Dios, la humanidad y el cosmos se descubren entrelazados en un único tejido de reciprocidad. En este marco, la persona humana no actúa como propietaria, sino como servidora y guardiana responsable. Esta concepción cristaliza en la “sostenibilidad relacional”, una práctica que cultiva activamente los vínculos comunitarios y ecológicos.
La mesa redonda “Habitar la tierra en sus límites” nos llevó a un intercambio audaz entre el Norte y el Sur del mundo. El panel destacó que las crisis ambiental y social constituyen una emergencia única, impulsada por un sistema desigual que afecta de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables. En ella, el oceanógrafo brasileño Edison Barbieri, investigador del Instituto de Pesca, aportó una rigurosa mirada científica e inequívocamente social. Barbieri señaló que la crisis ambiental desnuda las fallas estructurales del sistema global. Su análisis demostró que el interrogante principal ya no es únicamente el grado de aumento térmico, sino quiénes pagan el precio más alto de la degradación ambiental. Barbieri remarcó que las poblaciones rurales, los pueblos originarios, las comunidades tradicionales y las periferias urbanas no son vulnerables por naturaleza, sino que se han vuelto vulnerables por procesos históricos de exclusión y despojo. En consecuencia, afirmó con vehemencia que no existe sostenibilidad real sin equidad, ni transición ecológica válida sin inclusión social.
Para superar la lógica de la acumulación y el consumismo, el panel propuso la “suficiencia energética” (el concepto del “vaso más pequeño”) y un estilo de vida arraigado en la sobriedad y la interdependencia.
Se compartieron modelos como el “Buen Vivir” desde las culturas ancestrales latinoamericanas y la Economía de Comunión que priorizan la regeneración de las relaciones comunitarias, la reciprocidad y el cuidado de nuestra casa común.
No faltaron ejemplos reales —como los de Nigeria y Filipinas— que demostraron que la justicia climática y la equidad social se alcanzan combinando la protección del medio ambiente con el desarrollo económico local.
3. Una cultura capaz de dialogar
Otro elemento que emergió con fuerza fue el papel de la cultura, pues vivimos en una fase marcada por polarizaciones, fragmentaciones y transformaciones profundas, y la pregunta que surge es cómo llevar a este mundo el carisma de la unidad de Chiara Lubich, a lo que la neurobióloga Catherine Belzung, docente en la Universidad de Tours, respondió subrayando la necesidad de un salto de calidad: descender a las situaciones concretas, acercar a las personas para comprenderlas, respetarlas y reconocer lo que cada uno puede ofrecer, pues es quizás uno de los desafíos más difíciles de nuestro tiempo, ya que sabemos hablar de los grandes problemas globales, pero no siempre sabemos construir relaciones en lo cotidiano, y por esto se vuelven importantes las realidades culturales y sociales que ya trabajan en el territorio.
La sostenibilidad como relación
Otro motivo de esperanza llegó de Luca Fiorani, investigador en la ENEA y docente en el Instituto Universitario Sophia, cuya reflexión propuso pensar la sostenibilidad como relación, una idea que encuentra una sorprendente confirmación también en la ciencia, de modo que la relación no es simplemente un valor moral, sino también una de las condiciones a través de las cuales la vida misma se organiza.
Así, la relación fue el hilo de oro de todo el encuentro, filosófica, teológica, sociológica, psicológica, ecológica, pero sobre todo concreta y vivida, pues día tras día, a través del intercambio y el testimonio recíproco. Nacieron nuevas ideas, nuevas colaboraciones y una renovada pasión por una ecología integral capaz de involucrar a los jóvenes, las instituciones y muchas otras fuerzas de la sociedad, emergiendo con fuerza la necesidad de hacer cada vez más red, porque nadie puede afrontar solo una crisis que atraviesa el planeta: necesitamos la ciencia, las comunidades, los jóvenes, las instituciones, las empresas, las organizaciones sociales y las diversas culturas, necesitamos el aporte de todos.
Y luego la esperanza
No la de quien espera que las cosas cambien, sino la de quien decide ponerse en movimiento para que puedan cambiar, pues quizás es precisamente este el desafío que EcoOne entrega al futuro: transformar el paradigma de la relación en un nuevo modo de habitar la Tierra, un modo en el que cada elección y cada gesto concreto de cuidado de la casa común no sean percibidos como una renuncia o un sacrificio, sino como un beneficio, una oportunidad, un acto inteligente, porque una sociedad más sana, más solidaria y más unida no nace solo de nuevas tecnologías o de nuevas políticas, sino de un nuevo modo de estar en relación. Quizás el futuro comienza precisamente cuando dejamos de preguntarnos solo qué podemos tomar de la Tierra y empezamos a preguntarnos qué relaciones debemos construir para que la vida pueda seguir floreciendo.



