Capítulo 12 – Retomamos nuestras fecundas charlas con Alessandra (Ala), sobre temas referidos al diálogo y el valor de las pequeñas cosas cuando actuamos con amor.
Por Alessandra (Italia) y Claudio Larrique (Uruguay)
–¿Es posible transformar el conflicto en diálogo?
–Cada ser humano es especial, único e irrepetible, y es natural que las relaciones con los demás den lugar a malentendidos, diferencias de opinión y, a veces, incluso a conflictos manifiestos. A menudo nos hacen creer que el conflicto es el mal supremo y por eso lo evitamos, lo ocultamos adaptándonos a la otra persona, a sus pensamientos, a su sensibilidad, a su forma de actuar, renunciando a nuestras propias ideas, a nuestro propio corazón. Quizás estemos convencidos, de buena fe, de que esta es la mejor manera de resolver las dificultades, de que así amamos a la persona que tenemos delante. En realidad, es precisamente esta actitud la que, con el paso de los años, distancia a las personas, y en nuestro interior se alimenta un resentimiento insensato que nos perjudica primero a nosotros y luego a la otra persona, a nuestra convivencia y al trabajo en equipo.
Si aprendemos a vivirlo bien, el conflicto puede convertirse en un momento de mayor comprensión, el punto de partida de una unidad más fuerte. Así que, en lugar de ocultar tus sentimientos y emociones, cuando sientas que ser diferente te distancia de la persona que tienes delante, detente un momento, recupera la calma y la autoconciencia e intenta decirle al otro lo que sientes, la razón del dolor que sientes en ese momento. Sin acusar, sin ponerte a la defensiva, comparte con el otro tu debilidad, tu dificultad, tu dolor en ese momento. Será una oportunidad única para crear un nuevo diálogo, una nueva comprensión, una unidad más fuerte. ¡No es fácil, pero se puede lograr!
–Darle sentido con amor a las pequeñas cosas.
–Creo que significa dar sentido a lo que hacemos. Mi día está lleno de pequeñas cosas que puedo decidir cómo hacer: puedo hacerlas así, por costumbre, o puedo hacerlas prestando atención a lo que puedo aportar. Cuando hago las cosas por costumbre, a menudo las hago sin corazón, como si mi cuerpo hiciera un gesto y mi alma estuviera en otro lugar. Esto, para mí, es el hábito. Así que para dar sentido incluso a las pequeñas cosas, intento hacerlo todo con un corazón nuevo, es decir, mi corazón, el que hace poco aprendí a escuchar. Intento seguir lo que llevo dentro en lo que hago, en las palabras que digo. No es fácil, lo sé. A menudo recaemos en la costumbre o estamos tan ansiosos en lo que hacemos que ya no miramos a los demás. Vivir con el corazón y el alma en las manos significa darle a nuestro propio ser el valor que tiene, y al mismo tiempo hacerlo por los demás. Pero cuando lo logro es una revolución para mí: descubro que mis acciones y mi ser tienen el mismo valor que los de los demás, y todo vuelve a tener sentido. Entonces puedo poner amor incluso en las cosas pequeñas de cada día



