Libro
Andrés Neuman. Buenos Aires, 2025. Alfaguara
Por José María Poirier (Argentina)
Esta novela inspirada en la vida de María Moliner (1900- 1981), la filóloga autora del Diccionario de uso del español que tanto respetamos y admiramos, da vida a los “silencios” en su historia y los aprovecha sin faltar al rigor de los datos biográficos con que se cuentan para acercarnos la figura de esta mujer tan sencilla como excepcional. Nacida en Zaragoza en una familia que tuvo que luchar siempre por dificultades económicas, conoció varias regiones de su patria por el trabajo itinerante de su padre, médico rural. A ella y a sus hermanos nunca les faltaron incentivos para el estudio y el progreso profesional, aunque tuvieron que sacrificarse mucho por ello.
En 1902, según ella misma relata, los padres y sus dos hijos mayores se trasladaron a Soria y, casi inmediatamente, a Madrid. En la capital nació la hermana menor, Matilde.
María Juana Moliner Ruiz fue bibliotecaria, archivera y lexicógrafa. En Madrid, su ciudad amada, junto a sus hermanos asistió con intermitencia a la Institución Libre de Enseñanza, donde recibió clases de Américo Castro, quien despertó su interés por la gramática. La ILE, fundada en 1876 por el pensador y ensayista Francisco Giner de los Ríos (1839-1915) y otros catedráticos krausistas tras ser expulsados de la universidad, fue el proyecto educativo y modernizador más influyente en España (1876-1936). Promovió una educación laica, libre de dogmas, centrada en el alumno, las excursiones y el desarrollo integral, renovando la pedagogía en su patria.
María fue madre de cuatro hijos y fiel trabajadora en el ámbito educativo social, con claras simpatías republicanas y en defensa de la condición femenina.
Su padre, que había obtenido plaza de médico en la marina, después de un segundo viaje a América en 1912, se quedó en la Argentina, abandonando a la familia, aunque en los primeros tiempos siguiese enviando dinero. Esto motivó probablemente que la madre decidiera en 1915 dejar Madrid y establecerse en Aragón, donde tenía algunas tierras y el apoyo familiar. Allí la familia salió adelante en buena parte gracias a la ayuda económica de María, que, aun siendo muy joven, se dedicó a dar clases particulares de latín, matemáticas e historia. Según dijeron más tarde sus hijos, estas duras circunstancias fueron fundamentales en el desarrollo de la personalidad de su madre.
El libro de Andrés Neuman, un intelectual que nació y pasó su infancia en Buenos Aires y que luego, exiliado con sus padres, se crió en Granada sabe narrar determinados elementos de la vida de Moliner, quien fue siempre muy reservada y entregada a su labor intelectual. De su valiosísimo diccionario (obra increíble de una sola persona entre sus ocupaciones profesionales y familiares) dijo el escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura 1982 Gabriel García Márquez que “es el más completo, útil y divertido de la lengua castellana”.
En el libro Hasta que empieza a brillar de Neuman cabe la pregunta que da vida a la novela: “¿Pero por qué se sentó a escribirlo a los cincuenta años, en plana dictadura franquista? Y ¿cómo pudo completar, prácticamente sola, el diccionario de autor más importante de todos los tiempos? La pregunta que ronda en torno al libro, dada la silenciosa personalidad de la autora, es muy intrigante y estimulante: ¿y si su diccionario fuese también una suerte de autobiografía oculta? En la novela se dan cita anécdotas de sus profesores pedagogos e incluso del cineasta Luis Buñuel en los años de la famosa y reconocida Residencia de Estudiantes, hasta la figura de Rafael Cansinos Assens, el escritor y crítico literario hebraísta tan admirado por Borges. Por la Residencia pasaron Pío Baroja y la chilena Gabriela Mistral entre tantos otros conferencistas.
Se asoman las historias del falangista José Antonio Primo de Rivera, del generalísimo Francisco Franco, y de autores como Dámaso Alonso. Las pasiones de María que acompañaron la elaboración del diccionario fueron las bibliotecas populares y escritores y escritoras amados: Juan Ramón Jiménez, Santa Teresa, las gallegas condesa de Pardo Bazán y la poeta Rosalía de Castro, la uruguaya Juana de Ibarbourou, la argentina Alfonsina Storni, Virginia Woolf, Jean Austen, Elisbeth Barrett, la filósofa María Zambrano…
El deterioro progresivo de su salud neurológica la llevó a la pérdida de la memoria y de la palabra. La Academia no la incorporó sólo porque nunca había ocupado ese cargo una mujer. Reflexiona Neuman: “Salvando todas las distancias, María Moliner es a la Real Academia Española lo que Jorge Luis Borges a la Academia sueca cuando no le dio el Nobel. Ese reconocimiento no dado a quien más lo merecía ha terminado marcando más la historia de la institución que toda la lista de concedidos”.



