Atractivos de un carisma
Por Sonia Vargas Andrae (Bolivia)
Una intuición aguda de Chiara Lubich fue colocar en el centro de la espiritualidad colectiva la vida del momento presente. En un tiempo como el nuestro, atravesado por la simultaneidad, donde dos o tres realidades se superponen al mismo tiempo, concentrarse en vivir con intensidad una sola cosa se vuelve casi una ascética cotidiana. Se trata del ejercicio interior de dejar caer. Dejar a un lado la dispersión de los múltiples compromisos para acoger uno solo, el que el momento presente nos confía. No para hacerlo simplemente bien, ni siquiera de manera perfecta, sino para vivirlo con todo el amor posible. Una cosa a la vez. Esta actitud no empobrece la vida, al contrario, la unifica. Libera el corazón de la ansiedad por lo que vendrá y de la nostalgia por lo que ya pasó, y lo arraiga en el ahora habitado, donde Dios se ofrece silenciosamente. En este tiempo de vacaciones, el momento presente adquiere una forma concreta y sencilla: vivirlas del mejor modo, como si fueran únicas, como si fueran las últimas. No por miedo, sino por plenitud. Así lo aconsejaba Chiara: acoger cada instante con gratitud y entrega, porque en cada momento presente se esconde una posibilidad de comunión, de amor y de eternidad.
Dar importancia a todo: importancia al descanso, por ejemplo. No descansar y mientras tanto pensar en el apostolado. Vayan, desahóguense, canten, no piensen en la gente, no piensen en nada, porque este “cortar” lo sabemos por experiencia, hace que después tengamos todas las energías, listos para partir. De lo contrario sucede que, con los años… están desgastados incluso psíquicamente, y hacen el triple de esfuerzo para aplicarse tanto al estudio como al apostolado, a la oración, a todo. Es necesario que se mantengan enteros, con la cabeza en su lugar, con las fuerzas íntegras en todo lo posible. ¡Que sea Dios el que manda la pruebas, o una enfermedad, pero que no sean ustedes los que se las buscan! Para eso hacen falta los desapegos. Es decir, ¡si se trata de jugar, juguemos! Desencadénense de cualquier manera; si se trata de pasear, que sea un verdadero paseo, cantemos, miremos lo que sucede alrededor, las flores que se abren… (…)1
1. Lubich C., Como un Arco Iris, Ciudad Nueva, Argentina 2000, 335.



