El taller de radio del Programa Universidad para Personas Mayores, de la Universidad Nacional de Rosario, propone un espacio donde lo que cuentan son las experiencias. Esas historias que los adultos mayores pueden ofrecer en gran cantidad. Se trata de resaltar la riqueza de la historia, de las experiencias de vida, como un don para los demás.
Por Ana Tano (Argentina)
El taller
Este espacio es conducido por la periodista y comunicadora social Araceli Colombo, docente de la Universidad. Y cuenta con la participación de adultos mayores de entre 60 y 85 años que, semanalmente, aprovechan la oportunidad de entrenar sus voces y aprender a contar historias de manera más clara, pensando en que puedan ser escuchadas por muchos.
El taller propone pensar la radio como el medio que los identifica generacionalmente y les permite rescatar sus propias historias y las historias de la ciudad en la que viven, apropiándose de este medio como otro canal de comunicación.
Cada uno llega con expectativas e historias distintas, con saberes enriquecedores, dispuestos a aprender el oficio de la radio que llevan años escuchando.
En el taller se recorren las diferentes maneras del relato radial, participan de radios abiertas y graban cada año nuevos episodios de un podcast titulado Historias para contar, registrado en el Labso (Laboratorio Sonoro) de la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. El objetivo es poder tener un programa de radio semanal donde la voz de las personas mayores tenga un lugar y se escuchen sus realidades, derechos, necesidades, sueños y expectativas.
El podcast
Historias para contar es un podcast creado por las y los estudiantes del taller de radio del Programa Universidad para Personas Mayores, de la Universidad Nacional de Rosario.
Un espacio donde las voces de personas mayores cobran protagonismo para compartir sus vivencias, memorias, reflexiones y sueños. Cada episodio es un viaje sonoro por historias reales, auténticas y conmovedoras que rescatan la complejidad y la belleza de la vida.
Desde relatos cotidianos hasta experiencias históricas, pasando por testimonios de superación, amor, pérdidas y luchas, este podcast es una prueba valiosa del poder de la palabra y la importancia de preservar nuestras historias.
¿Por qué escuchar Historias para contar? Porque cada voz cuenta, cada historia importa y cada relato es una forma de resistencia contra el olvido. Las personas mayores tienen mucho que decir, y este podcast les da el micrófono para hacerlo.
En diálogo con los estudiantes del taller
—¿Cuál fue el momento en el que entendiste que tu historia merecía ser contada en este podcast?
—Ante la propuesta de armar un podcast nos preguntamos: “¿Qué contamos?”. Y allí surgieron las distintas motivaciones, experiencias personales, desafíos, ficción y reflexiones filosóficas e históricas que sirvieron para rescatar la memoria personal y colectiva.
—En el proceso de grabación, ¿aparecieron emociones nuevas?
—Al momento de grabar sentimos mucha alegría por tener la oportunidad de dar a conocer nuestras producciones, y mucha emoción por todo lo que implicó el encuentro con nuestra profesora, nuestros compañeros, la calidez de la gente en el Labso (Laboratorio Sonoro FCPolit UNR), que nos indicaron cómo grabar, las charlas entre los compañeros antes y después de la grabación. Por momentos la mayoría nos sentíamos jóvenes estudiantes que íbamos a presentar un trabajo que iba a ser escuchado por otros.
—¿Cómo se transforma una experiencia personal cuando pasa de ser íntima a convertirse en un relato colectivo que otros escuchan?
—Entendimos que nuestras historias merecían ser contadas cuando dejamos de verlas como una simple biografía personal y las vimos como un puente, dado que las vivencias personales al compartirlas resuenan en los demás. Fue entender que la memoria no es solo un depósito de datos, sino una herramienta donde nos podemos identificar unos y otros, donde lo íntimo puede ser movilizante para otros.
—¿Qué sentiste al escuchar tu propia voz ya editada, dentro de un episodio terminado?
—Sentimos satisfacción del objetivo alcanzado, en el contexto de una situación de aprendizaje. Nervios y emoción en una misma sensación.
—En una época donde predominan las voces jóvenes, ¿qué significa para vos tener un espacio como este para decir y dejar registro de tus ideas?
—Nos sentimos agradecidos de este espacio que nos brinda la UNR y en particular Araceli, por el estímulo permanente para tomar un rol activo y sumar nuestras voces a las de los jóvenes. En un momento que suele correr detrás de lo inmediato y lo juvenil, tener este espacio es un acto de reivindicación y rebeldía.
En un contexto donde la velocidad parece imponerse sobre la escucha, un taller de radio con personas mayores invierte la lógica: toma la memoria, la vuelve palabra y la pone a circular. Lejos de los estereotipos que asocian la vejez con el silencio, este proyecto construye un espacio donde las historias no solo se cuentan, sino que adquieren valor colectivo y cultural. La voz –con sus pausas, sus matices y su experiencia– se transforma así en un acto de presencia.
En diálogo con Araceli, docente del taller
—¿Cómo surge la idea de transformar el taller en un podcast y no quedarse solo en la práctica interna?
—La idea de pensar en un podcast surge de la necesidad de que esas voces no queden encerradas en el aula. El taller es un espacio de aprendizaje, pero también de producción de sentido. El podcast permite que esas historias circulen, que encuentren otros oídos y que la palabra de las personas mayores deje de ser algo íntimo para volverse social.
—¿Qué aparece cuando personas mayores toman el micrófono desde su propia experiencia y sin intermediarios?
—Aparece algo muy potente. Se corre la idea de que otros tienen que hablar por ellos. Cuando la voz es propia, también lo es la mirada sobre el mundo. Y eso desarma muchos prejuicios, sobre todo los que asocian la vejez con pasividad o silencio.
Cada historia se transforma en una nueva historia al ser reproducida en un encuentro, una radio abierta, una nueva visualización, un familiar que la escuchó y se las comenta, o ante cualquier convocatoria.
—¿Qué rol juegan la radio –y el lenguaje sonoro– en la construcción de memoria en este proyecto?
—La radio tiene una cualidad muy singular: la voz transmite tiempo, emoción, historia. No es solo lo que se dice, sino cómo se dice. En ese sentido, la memoria no aparece como un archivo estático, sino como algo vivo, que se reconstruye cada vez que se narra y se escucha. Cada relato no reproduce el pasado, sino que lo reinterpreta desde el presente, lo resignifica y lo pone en relación con otros. En ese sentido, la radio no solo conserva memoria: la produce, la actualiza y la vuelve socialmente circulante. Además, hay algo clave en la escucha: quien oye también participa en esa construcción. La memoria no queda del lado de quien habla, sino que se completa en ese vínculo.
—¿Cómo es el proceso pedagógico: qué se aprende y qué se desaprende cuando se trabaja con historias de vida?
—Hay un aprendizaje técnico concreto: se trabajan herramientas propias del lenguaje radial como la construcción de entrevistas, la organización de un guion, el uso de la voz, los tiempos, la escucha, la edición y la producción de contenidos. Es decir, no se trata solo de hablar, sino de comprender la lógica de la radio como dispositivo: cómo se arma un relato, cómo se sostiene una idea, cómo se construye una escena sonora. Se desaprende algo muy instalado: que la experiencia personal no tiene valor comunicacional. Acá, en cambio, la vida de cada uno se vuelve materia narrativa.
Como docente, uno no solo transmite herramientas, sino que también aprende de las formas de narrar, de recordar y de significar la experiencia que traen las personas mayores. En ese intercambio, la pedagogía se vuelve más horizontal y la radio aparece no solo como técnica, sino como espacio de construcción compartida de sentido.
—En un contexto donde la velocidad domina la comunicación, ¿qué valor tiene detenerse a escuchar estas historias?
—Tiene un valor enorme. Escuchar implica tiempo, atención, disponibilidad. Y en esas historias hay algo que no puede comprimirse ni acelerarse: la experiencia vivida. Por eso, detenerse a escuchar también es una forma de reconocer al otro. Siempre en las clases les digo a los y las alumnas que no existen “historias pequeñas” o que por ser de la vida cotidiana pierdan valor. Todas las historias merecen ser contadas, y en cada historia rescatamos detalles que las vuelven interesantes. No solo la narramos, sino que las encarnamos en una escena sonora •
Nota: Para escuchar el podcast, podés hacerlo en este enlace: Historias para contar



