Libro
Arthur Purcaro. Editorial Ciudad Nueva
Por la Redacción
Hay libros que se leen… y otros que te leen. Construyendo un mundo mejor, del agustino Arthur Purcaro, pertenece a esta segunda categoría: no es solo un texto para recorrer, sino un espejo donde cada lector queda interpelado en su modo de vivir, vincularse y habitar el mundo.
Con un lenguaje accesible y profundamente arraigado en la tradición de san Agustín, Purcaro propone una idea tan antigua como urgente: la transformación del mundo comienza en la calidad de nuestras relaciones. Lejos de lo abstracto, invita a revisar cómo nos vinculamos con nosotros mismos, con los demás, con Dios y con la creación. La clave es la armonía, entendida no como ausencia de conflicto, sino como una construcción cotidiana hecha de diálogo, respeto y compromiso.
El libro logra tender puentes entre la espiritualidad clásica y los desafíos actuales. En sintonía con Laudato si’, introduce la “ecología integral”, mostrando que la crisis ambiental y social forman parte de una misma fractura. Cuidar la tierra y cuidar a los más vulnerables aparecen así como una única tarea.
En este marco, cobra especial relevancia el vínculo de Purcaro con Robert Prevost, hoy papa León XIV. Compañeros en la Orden de San Agustín, compartieron misión, vida comunitaria y visión pastoral. Este lazo no es menor: aporta al libro una cercanía concreta con el actual pontífice y deja entrever una sensibilidad común, centrada en la comunión, la justicia y el cuidado de la casa común.
Purcaro escribe desde la experiencia, marcada por su misión en América Latina y su compromiso con los más pobres. No habla desde la teoría, sino desde la vida compartida, desde comunidades reales atravesadas por tensiones, desigualdades y búsquedas sinceras. Esa encarnación le da al texto una fuerza particular: lo que propone, antes que idea, es práctica.
El libro está dirigido a todos: creyentes y no creyentes, jóvenes y adultos, personas solas o comunidades. Especialmente interpela a quienes no se resignan al “siempre fue así” y sienten que otro modo de vivir es posible. No ofrece recetas rápidas, pero sí algo más valioso: un camino. Un camino que se recorre juntos, con la convicción de que nadie se salva solo.
En tiempos de individualismo y fragmentación, esta obra se vuelve una invitación concreta a reconstruir vínculos, a salir de uno mismo y a redescubrir la fuerza transformadora de la comunidad. Porque, en definitiva, cuanto más aprendemos a vivir en comunión, más humanos nos volvemos.
Un libro necesario y actual, que deja resonando una pregunta incómoda y necesaria: ¿qué mundo estamos ayudando a construir cada día?



