Cuidarnos para seguir cuidando

Editorial

En tiempos en los que la velocidad de nuestras vidas se acelera, en los que sentimos que los espacios que habitamos nos demandan todo y en los que no parece haber una posibilidad de cortar, es muy alto el nivel de exigencia que llevamos sobre nuestros hombros. Sean compromisos, tareas, proyectos, dudas, todo puede sobredimensionarse y llegar al punto de abrumarnos, sin permitirnos ver más allá.

Hay un peligro muy grande en esta dinámica: poner en posiciones antagónicas la opción por el otro y la opción por uno mismo, como si tuviéramos que elegir entre estar para el otro, responder a lo que entendemos como sus necesidades o exigencias, ayudar o solucionar lo que puede ser un problema y, por otro lado, atender nuestras propias necesidades, sentimientos, emociones y estado físico. ¿Pero cómo podríamos ser presencia y cuidado para el otro si, para hacerlo, nos estamos descuidando al punto de “tocar fondo”?

Es cierto que para ponernos al servicio del otro hay sacrificios que vamos a tener que hacer, renuncias y esfuerzos; es cierto que la práctica concreta de la proximidad con quien se encuentra a mi lado muchas veces cuesta, duele y nos desafía. Pero también es cierto que el amor no puede confundirse con la entrega ilimitada. Si como resultado nos sentimos vacíos, perdidos, sin luz para seguir compartiendo con los demás en otras situaciones, sin energías para volver al día siguiente, ¿es realmente servicio?, ¿es realmente amor?

Quizá parte del desafío esté justamente en revisar qué entendemos por cuidar. Cuidar al otro no significa necesariamente poder con todo, estar siempre disponibles o responder a cada necesidad. También puede significar reconocer nuestros límites, pedir ayuda, compartir las cargas y aceptar que necesitamos detenernos.

Estas son algunas de las preguntas que nos llevan, en esta edición de la revista, a acercarnos al fenómeno del burnout o desaliento profesional, como prefiere llamarlo Roberto Almada, autor de El cansancio de los buenos, quien desarrolla esta problemática e ilumina algunas de sus aristas. Pero sabemos que la realidad muchas veces es más desafiante de lo que podemos imaginar desde la teoría. Por eso creemos que compartir experiencias tiene un valor muy grande en el acompañamiento mutuo. En esta edición también encontrarán testimonios de quienes atravesaron esta realidad y pudieron reconstruirse.

Mucho más que pretender cerrar una temática tan actual y compleja, nos proponemos ofrecer algunos puntos de vista sobre una realidad con la que convivimos y que, muchas veces, puede instalarse silenciosamente. Queremos que estas páginas nos ayuden a volver a darle valor al cuidado y a preguntarnos por el modo en que estamos viviendo nuestras entregas. Porque quizá no se trate de elegir entre estar para el otro o estar para nosotros mismos. Quizá se trate de descubrir que ambas cosas forman parte de una misma lógica, la de una vida que puede darse sin agotarse, comprometerse sin perderse y acompañar sin quedarse sin fuerzas.

Cuidarnos no es dejar de estar para los demás. Es también reconocer que somos parte de ese cuidado. Porque para poder seguir cuidando, acompañando y poniendo nuestros dones al servicio de otros, necesitamos también darnos el espacio para respirar, recuperar fuerzas y volver a encontrar el sentido de aquello que hacemos.

Cuidarnos para seguir cuidando
Comparte en tus redes sociales

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll hacia arriba