En Rosario, una propuesta de la Universidad Nacional de Rosario acercó a cientos de chicos y chicas a la ciencia, el arte y la tecnología a través del juego y la experimentación. Una experiencia para descubrir que el conocimiento no es algo lejano, también puede ser una puerta hacia nuevos mundos y futuros posibles.
por Ana Tano (Argentina)
¿Qué pasa cuando la ciencia deja de ser algo que se mira desde lejos y se convierte en una experiencia que se puede tocar, preguntar, probar y compartir? ¿Qué sucede cuando una universidad abre sus puertas a chicos y chicas que quizá nunca habían imaginado que ese lugar también podía ser para ellos?
En Rosario, la propuesta “Visible lo invisible”, de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), busca justamente generar ese encuentro. Desde 2022, la iniciativa propone acercar las ciencias, las artes y las tecnologías a la infancia a través del juego, la experimentación y la curiosidad. Este año, por primera vez, la actividad se integró al calendario escolar y durante cuatro días -del 7 al 10 de septiembre- recibió especialmente a estudiantes de sexto y séptimo grado de escuelas de la ciudad.
El Espacio Cultural Universitario (ECU), ubicado en pleno centro de Rosario, se transformó durante esos días en un gran laboratorio. Los chicos recorrieron diferentes estaciones, participaron de experimentos, búsquedas arqueológicas, experiencias de realidad virtual, propuestas artísticas y actividades vinculadas con la comunicación y el pensamiento crítico. Pero el objetivo iba bastante más allá de ofrecerles una jornada diferente. La propuesta buscaba que pudieran experimentar cómo se construye el conocimiento.
“Los chicos se conectan con nuevos conocimientos, con las formas de construir esos conocimientos y con las personas que los construyen; todo esto como parte de un juego en el que se funden ciencia y arte”, explica Elena Gasparri, secretaria del Área de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo de la UNR.
Para Gasparri, allí está una de las claves de la experiencia: los chicos dejan de ser espectadores de algo que parece distante y pasan a ocupar un lugar activo. Preguntan, prueban, imaginan respuestas, se equivocan y vuelven a intentar. “Eso los pone en un lugar en el que no son meros espectadores de algo lejano, se animan a hacer preguntas y a imaginar respuestas a partir de la experimentación y la reflexión. Consideramos que de esa forma se promueven vocaciones y se imaginan futuros”.
Descubrir cómo conocemos
Hay una diferencia importante entre transmitir conocimientos científicos y acercarse a la ciencia como una manera de conocer el mundo.
La experiencia de “Visible lo invisible” pone el foco justamente allí. Observar, formular preguntas, experimentar y comunicar son algunos de los pasos que atraviesan el recorrido. Son procedimientos propios de la ciencia, pero también aparecen en la creación artística, en la innovación tecnológica y, en definitiva, en cualquier proceso en el que una persona intenta comprender algo que todavía no conoce.
“Cuando los chicos se encuentran con ‘la ciencia’ y sus procesos, y no solo con conocimientos científicos, se abre un mundo de formas de conocer el mundo y eso los asombra y entusiasma”, señala Gasparri.
Quizá por eso el juego ocupa un lugar tan importante. Jugar permite acercarse a una pregunta sin tener que conocer de antemano la respuesta. Permite probar, imaginar y explorar. Y también permite descubrir que aprender no significa solamente recibir información, sino participar de un proceso.
En ese sentido, ciencia y arte se encuentran en un territorio común: ambos pueden comenzar con una pregunta, con algo que llama la atención, con aquello que todavía no comprendemos del todo.
Una universidad que se acerca
Pero hubo otro encuentro especialmente significativo durante esta edición. No fue solamente el de los chicos con la ciencia, sino el de los chicos con la universidad.
Durante años, “Visible lo invisible” se realizó principalmente durante las vacaciones de invierno y estuvo abierta a la comunidad. El cambio de formato de este año buscó fortalecer el vínculo con las escuelas y llegar a estudiantes que quizá nunca habían tenido contacto con la UNR. Los cupos se completaron rápidamente y más de 4.500 niños y niñas participaron de la quinta edición.
“Lo significativo de esta experiencia en particular, que tuvo cuatro días dedicados especialmente a escuelas, es que llegamos desde la Universidad a un público nuevo, chicos que no habían venido nunca a Visible y que veían la Universidad como algo muy lejano. Y nuestro interés pasa porque conozcan la Universidad y que también puedan contar con ella”, agrega Gasparri.
Ese “contar con ella” quizá sea uno de los aspectos más profundos de la propuesta. Porque para que una institución pueda formar parte del horizonte de posibilidades de una persona, primero tiene que dejar de ser desconocida.
Imaginar futuros
En una época en la que el acceso al conocimiento parece estar al alcance de cualquiera a través de una pantalla, puede resultar paradójico que todavía existan tantos mundos que permanecen lejos para muchos chicos. No siempre se trata de una distancia física. A veces es una distancia simbólica: la sensación de que determinados lugares, estudios o profesiones “no son para mí”. Por eso, generar estos encuentros desde edades tempranas puede tener un valor que excede ampliamente una actividad escolar.
La experiencia busca justamente eso, despertar curiosidad, promover vocaciones y ampliar horizontes. “Visible lo invisible” propone, en definitiva, hacer visible algo que muchas veces permanece oculto: que detrás de cada conocimiento hay personas que preguntaron, buscaron, se equivocaron, volvieron a intentar y construyeron respuestas. Y que ese camino también puede ser recorrido por quienes hoy están descubriendo el mundo.
Quizá una de las mejores maneras de promover futuros sea justamente esa: abrir puertas, acercar personas y permitir que cada chico pueda descubrir que hay muchos mundos que también pueden ser para él.



