Tres amores, tres banderas

Durante el mes de noviembre de este año, en su próximo periplo en el continente sudamericano, el papa León XIV visitará Uruguay, Argentina y Perú. Tres pueblos están expectantes: ya se conocieron las ciudades en las que estará, todos los preparativos resultan pocos y, entre cientos y miles de Josés, Martas y Marías, se reparten las tareas tangibles y concretas, a la par que, sin verse ni tocarse, se acrecientan las del alma.

Por Virginia Bonard (Argentina)

La gente reza en este tiempo de espera. Emociona el Papa. Moviliza el Papa. Convoca el Papa. Por eso hay que prepararse para la visita. 

Los cristianos valoramos especialmente la cuestión de la visita. Jesús fue un gran visitador de sus amigos y también de quienes no lo eran. Su presencia pública —en vivo, diríamos hoy tecno de por medio— reunía multitudes y su mensaje cautivaba por su mansedumbre, ternura, justicia y novedad. Basar los vínculos humanos en el amor y respeto mutuos en tiempos del imperio romano era claramente una cosa rara. También María, su mamá, fue una gran visitadora: cierro los ojos y la imagino con los pies hinchados y polvorientos caminando hacia la casa de su prima Isabel para acompañarla en ese embarazo tan, como decirlo, inesperadamente milagroso. Como el suyo. Visitarse era importante, estar unos con otros formaba parte del tejido familiar y comunitario. 

Del 6 al 8 de noviembre, Uruguay se apronta con el lema “Les anuncio una gran alegría” y las tres ciudades que esperan a León son Montevideo, Paysandú —unida por un puente a Colón, ubicada en la provincia de Entre Ríos, en Argentina— y Florida. Entre las comunidades que visitará, el Papa pondrá pie en Casavalle, un barrio montevideano muy humilde que muestra los rostros de una dura realidad social; en el santuario mariano de la Virgen de los Treinta y Tres, donde habrá una misa grande, y en el estadio Centenario —desde 1983, Monumento Histórico del Fútbol Mundial— donde se vivirá una vigilia de oración, entre otras actividades.

En tanto, en Argentina “Bienvenidos todos. Vayan y anuncien” es la frase motivadora de este viaje que abarcará tres ciudades de 8 al 11 de noviembre: Buenos Aires, Córdoba y Luján. El Complejo Penitenciario Federal de Buenos Aires, el “Pequeño Cottolengo Don Orione” en Claypole y la Escuela de Aviación Militar en Córdoba —donde se celebrará una misa multitudinaria— son solo algunos de los lugares puntuales que esperan al Papa con rostro de personas privadas de su libertad, personas con discapacidades diversas, personas que irán con fe a compartir la Eucaristía con el sucesor de Pedro.

Aunque el lema oficial de la visita de León al Perú es “Abramos el corazón”, muchos de los flyers alusivos hablan del “regreso de nuestro Pastor”. Qué cosa linda cómo los peruanos ansían el reencuentro con León quien, en sus tiempos de obispo, ejerció ese ministerio en “su” Chiclayo, ciudad que —por supuesto— está en la agenda del viaje. Del 11 al 16 de noviembre el papa Prevost visitará Lima, Callao, Chiclayo, Santa Cruz, Cusco y Pucallpa.

El Papa que llega a Sudamérica es estadounidense, peruano por adopción. Nació en Chicago, se educó en Dolton, Illinois; sus papás eran Louis y Mildred, tiene dos hermanos, de chico jugaba a celebrar misa sobre la tabla de planchar de su mamá, le decían “el santo” y “una vecina fue la que decidió ir más lejos: cuando Rob apenas tenía seis o siete años, le dijo a su madre que él sería el primer papa estadounidense”, describe con detalle Elisa Juambeltz, de la Redacción Entre Todos, publicación de la Iglesia Católica de Montevideo. ¿Un pálpito, una profecía?

Estudió licenciatura en Matemáticas, se ordenó sacerdote en 1982 en la orden de San Agustín, se doctoró en Derecho Canónico, y como dos veces prior de la orden recorrió casi todo el mundo. El Perú llegó a su vida a sus 29 años, cuando ese fue su destino como sacerdote misionero durante 20 años. Desde 2015 hasta 2023 fue obispo de Chiclayo y luego de hacer un repaso más que rápido sobre la vida de Robert Prevost, ¿podemos no entrever que el Papa Bergoglio lo soñó para este tiempo como Papa para el mundo entero?

La paz, los desarmes en todos los terrenos, la escucha atenta a los reclamos del mundo de hoy —las cada vez más dramáticas migraciones forzadas, los países que expulsan y los que acogen— y su voz que se alza ante el mayor desafío de este siglo —la Inteligencia Artificial y sus potencialidades casi inimaginables— constituyen su pensamiento y accionar vertebrados desde la Iglesia hacia la humanidad con el Evangelio en la mano y en el corazón.

¿Qué nos dirá?, piensan peruanos, uruguayos y argentinos. Perú, con su fuerte raigambre católica que permea toda su historia y geografía. Uruguay, con su tradición laical y en respeto sutil a todo credo que florezca entre su gente. Argentina, grande y con una Iglesia católica con presencia clara en sus devociones populares y ante la opinión pública.

Tres países están en marcha, es algo grande, muy grande que un Papa nos visite. Él toca a nuestras puertas. En su doble rol —como jefe de Estado y como líder espiritual— lleva un mensaje que solo busca el bien, la unidad, la paz. Falta poco. Degustemos la esperanza del encuentro con el papa León haciendo flamear las tres banderas.

Tres amores, tres banderas
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