Cuando el envejecimiento de la población crece de manera acelerada, aumentan también las preguntas acerca de la cultura del acompañamiento que podemos generar en nuestras comunidades. Experiencias del proyecto “Yo me cuido, tú te cuidas, juntos nos cuidamos”.
por Nury Callata (Chile)*
El envejecimiento en el Cono Sur: un desafío que crece
El envejecimiento de la población avanza con rapidez en países del Cono Sur como Chile, Argentina y Uruguay, que hoy concentran los mayores índices de personas mayores en América Latina. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la población mayor de 65 años se duplicará en las próximas décadas, en un proceso más rápido que en otras regiones del mundo.
Actualmente, Chile presenta cerca de un 14 % de personas mayores, mientras Uruguay supera el 20 % en mayores de 60 años. Están clasificados como países con envejecimiento avanzado y acelerado, con una alta proporción de personas de 60 años y más. Por otro lado, Argentina, Brasil y Paraguay también experimentan este proceso. Este escenario genera preocupaciones por la creciente demanda de cuidados, la presión sobre los sistemas de pensiones y salud, y el aumento de la soledad no deseada en la vejez.
Frente a este panorama, instituciones como el Servicio Nacional del Adulto Mayor en Chile busca responder a estos desafíos, promoviendo un enfoque que reconoce a las personas mayores como sujetos de derechos.
El arte de cuidar y dejarse cuidar
En el escenario actual de Chile, donde el envejecimiento poblacional plantea desafíos urgentes de vulnerabilidad y abandono, el Programa de Personas Mayores de Cáritas Chile impulsó una iniciativa que va más allá de la asistencia técnica: el taller nacional “Yo me cuido, tú te cuidas, juntos nos cuidamos”. Esta línea de trabajo busca fortalecer las redes de cuidadores comunitarios en las diversas diócesis del país, bajo una perspectiva de ecología humana y derechos.
Una creación colectiva
El proceso, que reunió a 24 hombres y mujeres desde la diócesis de Arica y Punta Arenas vía zoom en 6 módulos entre los meses de junio y julio del año 2024, no se planteó como una capacitación unidireccional, fue una cocreación. Basado en una metodología vivencial, integrando los saberes previos de los participantes con herramientas de autoconocimiento, imaginación y escucha profunda.
Los principales objetivos del taller fueron analizar las implicaciones, riesgos, repercusiones y medidas preventivas de la actividad cotidiana del cuidador de personas adultas mayores. Ofrecer espacios para transitar de una conciencia individual a una conciencia colectiva respecto del tema del cuidado de sí mismo y de los otros, para generar soluciones comunitarias desde una perspectiva de derechos y de género. Para el logro de estos objetivos se contó con el acompañamiento de la trabajadora social y gerontóloga Sara Mora y la psicoterapeuta Ana Contreras.
Pilares de una nueva cultura del cuidado
La sistematización de esta experiencia identificó importantes aprendizajes entre los participantes, que resuenan con la espiritualidad de comunión:
• La escucha como humanización: escuchar con gusto transforma el cuidado en un vínculo y deja de ser una tarea desgastante.
• La danza del “nosotros”: se definió la relación entre cuidador y cuidado como una “danza entre dos personas completas, distintas e iguales en valor y dignidad”.
• La curiosidad respetuosa: el acceso al “misterio” del otro se realiza desde preguntas delicadas que valoran la sabiduría de quien es cuidado.
• El sentido de trascendencia: para quienes viven desde la fe, el dolor se entiende en clave de resurrección, reconociendo la trascendencia como una necesidad humana básica ligada al cuidado.
Hacia un reconocimiento social
El taller despertó una conciencia política sobre la tarea del cuidado. Se valoró como un trabajo indispensable para la sociedad que, aunque muchas veces es invisible, forma parte esencial de la vida y la economía del país.
Pero, además, es importante destacar la creciente presencia de mujeres que, hoy en día, son socialmente asignadas a asumir roles de cuidado únicamente por su condición de género. Esta situación refleja una clara feminización de estas realidades, que se vuelve cada vez más evidente y persistente.
En el cierre y ceremonia de certificación del taller, los participantes expresaron su profundo agradecimiento por esta “enseñanza de vida” recibida durante estas semanas de encuentro, donde a pesar de la distancia terminaron compartiendo grandes testimonios de vida. Se conformó así una comunidad de amistad y aprendizaje mutuo. Es así como María Selma señaló: “Este fue un taller precioso, aprendí mucho y en lo personal, me hacía mucha falta porque mi marido y yo hemos estado delicados de salud y estábamos necesitando saber cómo cuidarnos. Aprendí a mirarme a mí misma para estar mejor y saber cómo servir a los demás”.
En tanto, Segundo Santana expresó: “En una sociedad que está cada vez más envejecida, muchos llevamos una carga muy pesada y este tipo de capacitación es un tremendo apoyo que nos permite saber cómo sobrellevar lo que vivimos. Hace mucha falta contar con personas preparadas y, en ese sentido, vamos a hacer un aporte con calidad humana para todos los grupos en los que participemos, compartiendo lo aprendido”.
Los participantes también asumieron el compromiso de replicar estas herramientas en sus comunidades, sembrando una red de apoyo que humaniza el trato y celebra la vida en todas sus etapas.
El programa de Personas Mayores de Cáritas Chile reconoce y agradece el invaluable servicio que cuidadores y cuidadoras brindan día a día, muchas veces sin el reconocimiento ni la valoración que merecen. Esta realidad nos interpela a asumir como un desafío permanente la promoción y el respeto de los derechos de todas las personas, garantizando una vida digna para todos y todas •
*Responsable Programa de Personas Mayores – Cáritas Chile



