Perlas de Chiara
Por Sonia Vargas Andrae (Bolivia)
Cuidarnos es una dimensión del amor que requiere equilibrio y vigilancia, entendida esta última como la capacidad de permanecer atentos a nosotros mismos y reconocer aquello que necesitamos. Hoy, las exigencias de un ritmo de vida cada vez más acelerado pueden llevarnos a descuidar una dimensión especialmente vulnerable de nuestra existencia: la psique. Por ello, es necesario comprender el cuidado de manera integral, reconociendo que cuidar también significa encontrar el equilibrio entre nuestras responsabilidades y nuestras necesidades personales. ¿Cómo puede ser nuestro “cuerpo templo” si no aprendemos a escucharlo? ¿Cómo podemos cuidar de nosotros mismos si no reconocemos cuándo necesitamos detenernos, descansar, alimentarnos adecuadamente o recrearnos? Necesitamos dedicar tiempo a nuestra estabilidad física, psíquica y espiritual. Escuchar nuestro cuerpo, respetar sus límites y atender nuestra interioridad son también formas de amor y de responsabilidad hacia la vida que hemos recibido.
El amor lleva espontáneamente, a quien lo posee, a permanecer unido con los demás. Hace vivir con mayor perfección la “vida del Cuerpo Místico”, como enseña la Iglesia.
En este, cada uno es una entidad completa, hecha de alma y cuerpo. Y también el cuerpo es importante para el cristiano.
Si para Jesús Eucaristía se han construido, a lo largo de los siglos, maravillosas catedrales, que han desafiado el tiempo; por Dios, que vive en nuestra alma en gracia, tenemos que cuidar el cuerpo como templo suyo.
Nuestro físico tiene que estar sano y robusto, para que el alma pueda servir mejor a su Creador.
(…) Nosotros, en efecto, como cuerpo somos templo del Espíritu Santo, el templo tiene que ser fuerte y hermoso. Ya se decía en la antigüedad: “Mente sana en cuerpo sano1.
1. Lubich, Chiara (2000). Como un Arcoíris. Buenos Aires: Cuidad Nueva.



