Diálogo y acuerdos políticos como imperativo de los tiempos

Elecciones en Argentina – Argentina se aproxima a unas nuevas elecciones nacionales para elegir quién será presidente de la Nación durante el período 2023-2027. El próximo 13 de agosto se celebrarán las elecciones primarias, mientras que el domingo 22 de octubre será el turno de las definitivas.

por Pablo Mandrile (Argentina)*

El recorrido por la vida política, social y económica de la Argentina a cuatro décadas de recuperada la vida democrática se asemeja en mucho a ese replanteo existencial –instalado en el sentido común– en torno a la famosa crisis de los 40. Si promediando esa edad muchos hombres y mujeres miran hacia atrás y experimentan cierta angustia al cotejar los encendidos anhelos de juventud con lo obtenido y conseguido en la ardua y trabajosa vida adulta, también la sociedad argentina se encuentra ante la disyuntiva entre recrear expectativas y esperanzas en el sistema democrático o aventurarse, descreída, exhausta y enojada (con justa razón) hacia lo desconocido.

Sin lugar a dudas, la escuálida performance macroeconómica de la Argentina durante las últimas décadas hace mella, como en otras latitudes del globo, sobre la valoración misma que tiene la sociedad para con el sistema democrático. Si este sistema de convivencia social y decisiones políticas no es capaz de generar mejores condiciones de vida para la población, el terreno para aventuras demagógicas –a izquierda o derecha– se nutrirá al ritmo del desencanto de las mayorías.

Bastan apenas algunas cifras para ilustrar el derrotero cuesta abajo de la Argentina en las últimas décadas. Si a mediados de los setenta, la pobreza –medida por ingresos– oscilaba en torno al 5 % de la población, hoy día es un flagelo que azota al 40 % de los argentinos (más de 17 millones de personas), según revela la encuesta permanente de hogares (EPH) realizada por el INDEC1, cifra que aumenta según estudios privados como los del Observatorio de la Deuda Social de la UCA. Más de la mitad de la población económicamente activa (PEA) no tiene seguridad laboral: trabaja en condiciones precarias y/o subempleo inestable (41 %) o directamente no encuentra empleo (8, 7 %)2. Claro que estos indicadores sociales tienen su correlato (y acaso una de sus principales causas) en el magro desenvolvimiento económico-productivo del país. Mientras que en los últimos 50 años el PBI por habitante de América Latina aumentó un 110 %, en Argentina solo creció el 15 % producto de múltiples recesiones, escaladas inflacionarias y crisis sistémicas3.

Escoger al timonel en medio de la tormenta

En este contexto de creciente exclusión y desencanto social, los argentinos concurriremos a las urnas en los meses venideros. Para el momento en que se escriben estas líneas, las principales coaliciones políticas que han moldeado los últimos lustros de la política nacional, el Frente de Todos y Juntos por el Cambio se encuentran en estado de fragmentación y fuertes disputas internas, lo cual agrega una cuota extra de incertidumbre al clima social reinante.

Por el lado del Frente de Todos, coalición gobernante, el panorama frente a los comicios se presenta complejo y cuesta arriba dada la delicadísima e incierta coyuntura económica que está atravesando el país, situación que encuentra a los principales dirigentes del espacio en abierta confrontación respecto de las medidas por tomar (en tanto gobierno) y las estrategias a seguir (en cuanto a la definición de candidaturas). La mencionada exmandataria Cristina Fernández, el presidente saliente Alberto Fernández, el actual ministro de economía Sergio Massa, junto a numerosos gobernadores peronistas, líderes sindicales y organizaciones sociales dan forma a un heterogéneo universo político cuya unidad –galvanizada para las elecciones de 2019– mostró sus límites apenas inaugurado el actual gobierno, horadando la gobernabilidad y la toma de decisiones del propio presidente de la Nación durante los últimos cuatro años.

Juntos por el Cambio, acuerdo político que reúne al PRO, la Unión Cívica Radical, la Coalición Cívica y otros partidos menores, pareciera a su vez no tomar debida nota de la responsabilidad que le cabe en tanto principal actor de oposición. Si bien el haber continuado funcionando como coalición luego de terminado el gobierno en 2019 representa una sana novedad para el sistema político argentino (dotándolo de mayor equilibrio), el hecho de las continuas tensiones, reproches y confrontaciones internas (que se hacen públicas) atenta contra sus propias posibilidades de lograr un nuevo triunfo electoral y, lo que es más importante, dilapidan energías que deberían estar centradas, primordialmente, en delinear medidas concretas para el caso que le tocara ser gobierno. Dentro de este espacio varios nombres aparecen en el horizonte presidencial: Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, Gerardo Morales, Facundo Manes, entre las principales figuras, que dan forma a un variopinto plafón de precandidatos dentro del universo electoral no peronista.

A río revuelto, ganancia de pescadores, reza la sabiduría popular, dando cuenta en buena medida de las expectativas que giran en torno a la candidatura presidencial de Javier Milei, economista de formación y actual diputado nacional que irrumpió en los últimos años en la escena política nacional. El líder libertario, autoidentificado como un outsider, alguien que “se mete” en política viniendo “desde afuera” podría parecer una novedad absoluta, pero encuentra numerosos ejemplos similares, tanto en la historia nacional como en otros países. Su encendida denuncia contra los políticos tradicionales englobados bajo el mote peyorativo de la casta constituye un argumento ya utilizado por otros políticos que pretendieron (generalmente sin éxito) refundar de cero un orden social y político. No pareciera disparatado afirmar que el emerger de Milei y lo que representa sea precisamente el resultado de la ineficacia de nuestros partidos tradicionales por dar sustento a aquella vocación democrática igualitaria originaria.

La sabiduría del diálogo

“¿Qué hicimos de nuestra patria?” es la pregunta propuesta recientemente por los obispos argentinos como exhortación urgente a la reflexión4. El interrogatorio incomoda, interpela cruda y descarnadamente, porque no deja lugar a evasivas. Cómo no relacionarlo con la pregunta dirigida por Dios a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?” (Génesis 4, 9). Frente a ella no hay dónde esconderse, solo cabe responder con franqueza y asumir la propia –y compartida– responsabilidad. Pero al mismo tiempo, aunque la respuesta se intuya amarga y duela, quizá constituya el punto de partida necesario para recrear la esperanza cívica de un mañana mejor.

Partiendo de esta dolorosa premisa, observamos con cauta pero real esperanza que también entre nosotros se manifiestan hoy destellos de lucidez provenientes de hombres y mujeres pertenecientes a diferentes tradiciones partidarias o sensibilidades intelectuales. Citar tan solo algunos de ellos quizá pueda ayudarnos a reafirmar esa llamada a la unidad, tal cual no se cansa de recordarnos el papa Francisco, entendida como instancia política superadora (no como negación) de las diferencias y de los conflictos. Repasemos:

“La política argentina se ha enamorado de la polarización y la ha dotado, incluso, de un perverso romanticismo (…) Debemos salir de esa trampa dialéctica y metodológica. Aunque suene políticamente incorrecto, hay que decirlo con todas las letras: sin pactos, la Argentina no tiene salida. Sin diálogo y sin negociación, no hay futuro” (Emilio Monzó, diputado nacional)5.

“Para conjurar los daños hay solo una estrategia: la despolarización (…) Esta movida en el tablero de la política tiene un objetivo: allanar el camino a una dirigencia dispuesta a acordar –y, por lo tanto, a sustraer de la competencia– políticas públicas que pongan freno al deterioro institucional y a la regresión social en curso” (Juan Carlos Torre, sociólogo, profesor emérito UTDT)6.

“¿Por qué vos y yo vamos a pactar algo si no somos parte de lo mismo? (…) Si y solo si yo formo parte de algo con vos es que vos dejás de ser un puro adversario para mí. De lo que se trata es de ponerse de acuerdo. Lo único verdaderamente moderno en la Argentina es terminar con la lógica de la otredad. Todo lo demás es atraso” (Hernán Brienza, historiador)7.

Como vemos, la opción por el diálogo político se nos presenta como exigencia a la altura de los tiempos que corren. Defender y promover con coraje cívico, allí donde nos toca, esta perspectiva de la fraternidad, quizá sea la única opción verdaderamente realista para ayudar a construir una patria más justa y digna para todos •

*El autor es politólogo y profesor en la UCA.

1. Datos correspondientes al segundo semestre de 2022. Publicados y disponibles en www.indec.gob.ar
2. https://www.cronista.com/economia-politica/encuesta-de-la-uca-la-pobreza-crecio-al-43-1-y-alcanza-a-mas-de-17-millones-de-argentinos/
3. Esteban Domecq, presidente de Consultora Invecq, recogido por Infobae (7/5/2023).
4. www.episcopado.org
5. La Nación, edición digital 20 de mayo de 2021.
6. La Nación, edición digital 5 de febrero de 2023. 7. Infobae, edición digital 27 de mayo de 2019

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