Como docente de la Escuela Chiara Lubich, considero que el Dado de la Paz representa mucho más que una dinámica semanal: es una propuesta educativa que atraviesa la vida cotidiana de nuestra comunidad y nos invita a hacer de los valores una experiencia concreta.
Por Romina Schelegel (Argentina)
En la Escuela Chiara Lubich, una escuela pública de gestión privada en el Municipio de José C. Paz, provincia de Buenos Aires, para el nivel primario e inicial, el Dado de la Paz forma parte de las actividades cotidianas. Cada lanzamiento del Dado nos propone un desafío sencillo, pero profundamente significativo. A través de pequeñas acciones cotidianas, estudiantes, docentes y familias somos convocados a vivir el respeto, la solidaridad, la escucha, el perdón, la empatía y el amor al prójimo. De este modo, comprendemos que la construcción de la paz no depende de grandes acontecimientos, sino de gestos cotidianos que fortalecen los vínculos y transforman la convivencia.
En una comunidad educativa caracterizada por la diversidad de historias, realidades y experiencias, el Dado de la Paz nos recuerda que cada persona posee un valor único e irrepetible. Nos impulsa a generar espacios donde todos puedan sentirse aceptados, escuchados, seguros y valorados, favoreciendo una cultura del encuentro y de la inclusión.
Los testimonios de quienes formamos parte de esta experiencia reflejan que sus enseñanzas trascienden el ámbito escolar. Los pequeños actos de amor que proponemos y vivimos en la escuela encuentran continuidad en las familias, en otros espacios educativos y en la vida cotidiana, convirtiéndose en una forma de relacionarnos con los demás y de construir una sociedad más fraterna.
Como educadores, también aprendemos junto a nuestros estudiantes. Cada frase del Dado de la Paz nos interpela personalmente y nos desafía a ser coherentes con los valores que deseamos transmitir. En ese camino compartido, descubrimos que educar no consiste únicamente en enseñar contenidos, sino también en acompañar la formación de personas capaces de reconocer al otro, tender la mano y elegir el bien común.
El Dado de la Paz también encontró un espacio para proyectarse más allá de nuestra comunidad educativa. Durante nuestra participación en los Juegos Escolares Bonaerenses (JEBO), elegimos compartir esta propuesta con estudiantes de otras instituciones, convencidos de que los valores que promovemos pueden vivirse en cualquier ámbito. Antes de dar comienzo a la jornada, invitamos a los niños a lanzar el Dado y a asumir el compromiso de llevar a la práctica, durante todo el torneo, la acción y el valor que habían surgido. Como gesto de fraternidad, al finalizar el encuentro entregamos un Dado de la Paz a cada institución participante, con el deseo de que esta propuesta pudiera llegar a sus escuelas, ser compartida con nuevas comunidades educativas y seguir multiplicándose. Esta experiencia transformó la competencia en una oportunidad para encontrarnos desde el respeto, la colaboración y la empatía, demostrando que el deporte también puede ser un escenario privilegiado para educar en la paz y fortalecer los vínculos entre pares.
El Dado de la Paz es, en definitiva, una herramienta pedagógica que hace visible el carisma de nuestra escuela. Nos recuerda que cada gesto de amor tiene un profundo valor transformador y que, cuando esos gestos se multiplican, contribuyen a construir una comunidad donde la paz deja de ser un ideal para convertirse en una experiencia que se vive, se comparte y se contagia.
Las caras del Dado en la voz de sus protagonistas
Algunas de las consignas que el Dado propone para vivir ese día son las siguientes:
-Escucho al otro atentamente.
-Soy el primero en amar.
-Perdono al otro.
-Respeto al que piensa distinto.
-Nos valoramos unos a otros.
En palabras de las niñas y los niños que hacen esta experiencia cada día, esto es lo que el Dado significa:
– “Para mí el Dado de la Paz representa la amistad, el respeto y el compañerismo”.
– “Para mí es un Dado para ser uno con los otros”.
– “El Dado de la Paz nos recuerda que todos somos importantes y debemos cuidarnos”.
– “Hace que nuestro colegio sea un lugar donde todos nos sentimos incluidos”.
– “Nos enseña que con pequeños gestos podemos hacer sentir bien a los demás”.
– “Cada valor del Dado de la Paz nos enseña a convivir mejor en la escuela”.
– “Para mí el Dado de la Paz significa elegir todos los días el bien”.
– “Nos ayuda a ser buenas personas y buenos
compañeros”.
– “El Dado de la Paz nos ayuda a ser una comunidad unida”.
– “Nos invita a respetar las diferencias y a construir una convivencia basada en el diálogo y la empatía”.
– “En nuestra Escuela Chiara Lubich elegimos la paz con nuestras palabras, nuestras acciones y nuestro corazón”.
También para quienes trabajamos en el acompañamiento de las niñas y niños en la escuela, hacer esta experiencia es algo muy significativo:
– “Para nuestra comunidad, el Dado de la Paz es muy importante. En una comunidad frágil, vulnerable, con situaciones difíciles, concretas y diversas, y en muchos casos complejas, el dado nos invita a reconocer que todas las personas tienen el mismo valor. Que juntos, podemos construir un clima en el que cada estudiante se sienta aceptado, seguro y valorado. Nos invita a todos, estudiantes, docentes y familias, a transformar los valores en acciones concretas que favorezcan esta cultura de la paz, el respeto, la solidaridad y la inclusión”.
– “El Dado de la Paz para mí es importante porque lo vivo con los chicos en la escuela y compartimos estos pequeños ‘actos de amor’ que nos hacen crecer. Pero también lo llevo a otros espacios: otras escuelas, mi familia, con mis vecinos. En cualquier lugar donde voy, me ayuda a seguir creciendo en el amor”.
– “Conocí el Dado de la Paz hace un par de años, y creo que es muy valioso para trabajarlo en las escuelas, porque a los chicos les encanta. Además de hacer acciones cotidianas nos permite reflexionar sobre esas acciones, qué podemos hacer, cómo podemos mejorar. Trabajamos así la empatía, el compromiso, ponernos en el lugar del otro. Los chicos lo tienen muy presente, porque también lo llevan a sus casas para vivirlo con sus familias”.
– “Es una invitación a comenzar la semana con un propósito. Y nos recuerda que la paz no se construye con grandes acciones, sino con pequeños gestos de cada día. Como docentes aprendemos con nuestros estudiantes, porque cada cara del Dado nos desafía a vivir los valores que queremos transmitir. Entonces, cada lanzamiento es una oportunidad para crecer juntos”.



