El valor de una cultura

Atractivos de un carisma

por Sonia Vargas Andrade (Bolivia)

Chiara Lubich realizó innumerables viajes. En 1992 visitó África, y allí fue a Nairobi, la capital de Kenia, en donde tuvo un coloquio con el entonces nuncio del lugar. Cuando Lubich se encontró con los suyos, resaltó algunos puntos sobresalientes de aquella reunión. Se había sentido personalmente atraída por la inminente urgencia de la inculturación1, aquella exigencia de comprender y penetrar de manera delicada y profunda en la cultura del otro. Dos claves nos permiten resaltar el texto sobre esta exigencia: la primera, no perder de vista “las semillas del Verbo”, es decir, esa presencia del Verbo Encarnado, Jesús, en las manifestaciones culturales, sobre todo, en la religiosidad popular; la segunda, aquella actitud que tendría que volverse casi natural en nosotros, que es la capacidad de ponernos en los zapatos del otro (“hacerme uno”) para, desde allí, mirar el mundo con los sentidos (ojos, oídos, olfato, tacto, sabor). Así lo relata Chiara: 

Entonces, conversamos con el nuncio sobre ello y vimos esto: que la inculturación, es decir, sembrar el Evangelio en esta cultura, hacerlo florecer en esta cultura… [se hace necesario comprender] que la inculturación concierne a todos los aspectos de la vida cristiana: desde la liturgia, por ejemplo, a la teología.

[…] lo que más me interesó fue el aspecto teológico. Es decir, la necesidad de una inculturación en el ámbito de la teología. Porque, hasta el momento –piensen que pasaron dos mil años del nacimiento de Cristo–, el único modo de propagar el cristianismo en el mundo, en el mundo entero, ha sido a través de la teología, que nació en el seno de la cultura grecolatina.

[…] Solo que desde hace algún tiempo se ha empezado a sentir una nueva urgencia. Algunos la han aceptado, también entre los africanos, y se sienten bastante cómodos; otros, en cambio, no la aceptan, no la aceptan y tienen razón. ¿Por qué no la aceptan? Porque allí, en esa cultura, es decir, floreciendo de la cultura grecolatina, se han usado pensamientos de filósofos griegos y latinos, como fue Aristóteles, por ejemplo, que podían ayudar a explicar el cristianismo. Y sobre esto se basó gran parte de la teología católica.

[…] ¿Pero aquí, en África, hay verdaderos pensadores, como los de Europa, sobre los cuales apoyarse? Entonces él dijo: “Hay alguno –y añadió– lógicamente existen teólogos”. Y después dijo: “Pero existen, sobre todo, verdades, nociones transmitidas oralmente”. Hay dichos, hay –ahora repito con mis palabras– proverbios, refranes, parábolas, pequeños escritos, poesías, canciones, digamos, que contienen en sí “las semillas del Verbo”. A mí eso me interesó muchísimo porque “las semillas del Verbo” quiere decir Jesucristo. Y si en estas cosas, en esta canción, está dentro Jesús, entonces es mío. Es mío, es lo que amo.

[…] ¡Qué interesante sería que los nuestros, haciendo esa unidad que dijimos, con las personas –para poder transmitir el Ideal (…)– si los nuestros hacen esta unidad, este es el primer paso de la inculturación: hacerse uno! Esta es nuestra primera arma, nuestra gran arma…2.

1.  Por todos los estudios realizados recientemente, podríamos llamarla, también, interculturalidad.

2. Chiara Lubich, Preguntas y respuestas. Nairobi (Kenia), 10 de mayo de 1992.

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