Es recurrente la sensación de que todo se acaba. Más allá de la edad o la experiencia que cada uno pueda tener, es común que al acercarse el cierre del año la mayoría de las personas sintamos que dar vuelta la última hoja del calendario se asemeja a una cuenta regresiva que no nos perdonará. Una alarma que pareciera recordarnos todo lo que no logramos hacer durante 11 meses y que en solo 31 días deberíamos saldar. Puede tratarse de reuniones con amigos, compromisos incumplidos, trabajos o cualquier tipo de “pendientes” que queramos incluir en el “debe” de nuestra vida anual, con las fuerzas que nos quedan. Pero hay que correr, la meta es llegar al último día del año con todo resuelto, todo cumplido. Y en el caso de que lo logremos, ¿lo habremos vivido?, ¿lo habremos disfrutado?, ¿habrá tenido sentido tanta histeria?

“Para llegar hay que viajar. La experiencia es el viaje, no el arribo. El camino es a menudo más importante que el destino. La vida veloz, ansiosa, impaciente, impide registrar lo que se vive, impide ver al otro, no hay conocimiento de los paisajes ni de las personas”, describe el periodista y consultor Sergio Sinay en su libro La vida plena.

Este último tramo del viaje 2022 quizá sea la oportunidad para quitar el pie del acelerador y comenzar a disfrutar lo esencial de cada uno de los momentos que viviremos hasta el final del año.

No faltarán excusas para desviarnos de ese plan. Las urgencias están a la orden del día: un objetivo laboral, una materia que aún debo rendir en el colegio o la facultad, incluso los amantes del fútbol “deben” combinar con el Mundial, que ofrece partidos casi todos los días. La agenda se llena de compromisos. ¿Pero sabemos hacia dónde vamos?

En el horizonte de cada diciembre celebramos la llegada de Aquel que le da sentido a la vida de cada cristiano. Y que para muchos que no tienen una convicción religiosa significa la ocasión de agradecer la vida, los vínculos. Un renacer que a todos nos reúne en los mejores deseos para lo que vendrá.

Es un mes en el que podemos hacer que cada momento cobre sentido. Momentos que en las palabras de Sinay se diferencian de los instantes: “Quien vive en el momento está presente. Y está en el presente, en el punto donde el pasado y el futuro confluyen y se dan un mutuo significado. Lo que hago en el presente con conciencia de mi pasado, pone las semillas de mi futuro. Aunque esté en constante transformación, aunque en cada segundo deje de ser lo que era, el presente es como el tronco de un árbol, con raíces en la historia y follaje en el porvenir. Todo lo contrario ocurre con el instante. Vivir en el instante es vivir sin historia, sin memoria, sin aprendizaje y sin proyecto. Todo nace y muere como un relámpago. No deja huella, no trasciende”.

Tener en cuenta esa diferencia es un desafío para este tiempo de vértigo. Y cuando se trata de bajar un cambio y empezar a gozar del viaje, bueno es recordar al periodista escocés Carl Honoré, autor de Elogio de la lentitud: “Hacer menos cosas significa que puedo hacer las cosas que de veras quiero y necesito”. En tanto el médico estadounidense Larry Dossey, que se refería en los ochenta a “la enfermedad del tiempo”, advertía que no se trata de hacer y conseguir la mayor cantidad de cosas en el menor plazo, sino de dar a cada una su tiempo, el que necesita, el que dejará en nosotros una sensación profunda, un aprendizaje1.

Es momento de desacelerar y disfrutar el tramo de viaje que tenemos aún por delante. Miremos a quienes tenemos al lado y gocemos de su presencia. Con ellos tendremos una feliz Navidad •

1.  Sinay, S. (2010). Vida plena. Buenos Aires: Ediciones B, pp. 137-138.

Momento de desacelerar
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4 comentarios en «Momento de desacelerar»

  1. Un domingo mi esposa y yo nos tomamos un momento para dar un paseo por la plaza. Después de un rato, una adolescente se acercó sonriente a nuestro banco y nos dejó una esquela doblada para que la leyéramos: era un poema sobre el «amor eterno y coincidido».

  2. Tengo casi 60 años y muchos de ellos los pase sin poder advertir el canto de un ave, la flor que nace, un anciano sentado en una plaza. Pero cuando me detengo hacerlo, disfruto cada momento, cada elemento de la creacion y lo celebro. Es bueno detenernos unos instantes. Relaja y alegra.

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