Libros

Manuela Espinal Solano, Colombia, Angosta Editores, 2016.

Escrita y publicada a los tan solo 18 años por Manuela Espina Solano, Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto es una novela breve con una narrativa no lineal, caracterizada por saltos temporales que se presentan de manera natural en la historia. Aunque no sigue el formato tradicional, la trama se lee con fluidez y agilidad, sin sentirse como un experimento literario. Cada salto temporal revela nuevas capas de la historia y profundiza en la psicología de los personajes, enriqueciendo la experiencia de lectura.

Nos narra la historia de Elena, que se enfrenta al legado que le ha sido impuesto, un talento musical innato heredado de una familia de músicos: el canto. Desde su infancia, ha vivido inmersa en el mundo de la música, pero a medida que creció, una paradoja latente empezó a existir en su vida. A pesar de disfrutar de la música y tener un talento natural para ella, el simple acto de cantar se ha vuelto una carga pesada. Lo que alguna vez fue una pasión se ha transformado en una rutina tediosa, un trámite que debe cumplir sin sentir verdadera conexión. Esta contradicción es el motor que impulsa la narrativa hacia adelante.

A veces, el destino de la protagonista parece dictado por fuerzas externas. Debe seguir a su madre primero a Centroamérica y luego a Bogotá, dejando atrás su amada Medellín. Este poder, de naturaleza coercitiva, limita las opciones de la protagonista, aunque su negativa a participar en actividades artísticas, como cantar en eventos escolares, demuestra una voluntad de resistencia. Su madre la castiga por ello. A pesar de aceptar su potencial como artista talentosa, la protagonista encuentra que esta faceta no la satisface completamente. Hacia el desenlace de la historia, su inclinación por la escritura se hace evidente. Quizás este interés debería haber sido más evidente desde el principio, pero sirve para arrojar luz sobre la complejidad de la mente del personaje.

En última instancia, el libro se erige como un símbolo de ruptura con la tradición. Aunque inicialmente narra la infancia de Manuela junto a su madre y su abuela, explorando sus pasatiempos e intereses como las clases de actuación y canto dirigidas por su madre, al final se transforma en la despedida que Manuela ofrece a las expectativas impuestas por su familia. Reconoce todas las actividades y esfuerzos que probó hasta los 18 años, para finalmente decidirse a seguir su propia búsqueda, plasmada en su primer libro. Es así como el libro se convierte en un acto de liberación y afirmación de su identidad individual.

Esta novela íntima y reflexiva muestra el proceso de madurez de la protagonista, quien lucha contra las fantasías de la infancia para encontrar su lugar en el mundo como adulta. Con una prosa madura y conmovedora, la autora nos invita a reflexionar sobre la importancia de buscar nuestra propia voz en medio de las expectativas familiares. Quisiera que oyeran la canción que escucho mientras escribo esto es un testimonio poderoso de identidad y autenticidad, escrito con una sabiduría sorprendente para alguien tan joven. Nos deja preguntándonos cuánto de su propia experiencia hay en estas páginas y anticipando con entusiasmo el próximo trabajo de Manuela Espinal Solano, ya que, sea cual sea su forma, con su talento todo es posible.

Por Valentina Vega Díaz (Argentina)

Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto
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