Un rostro sufriente que quiere ser amado

Aprender juntos – En la región de la Patagonia, dos personas asumieron el desafío y la aventura de acompañar a un chico en su escolaridad, ayudándolo en las tareas, el estudio y el aprendizaje.

por Cecilia Carbonell y Leopoldo Labastía (Argentina)

comienzos de 2021 y a través de la hermana Eli, una religiosa mercedaria que comparte la espiritualidad del Movimiento de los Focolares, nos pusimos en contacto con un grupo de personas que gestionan, a través de Cáritas y del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, aquí en Argentina, la promoción humana en un asentamiento de familias con muchas necesidades en las afueras de General Roca, en la provincia de Río Negro. También trabaja en la construcción de una capilla allí, con el nombre de Madre Teresa.

Uno de los pedidos de una familia del lugar era el acompañamiento de uno de sus hijos, que comenzaba el secundario y tenía dificultades de aprendizaje, agravados por la no presencialidad a la que obligó la pandemia.

La propuesta desde un inicio nos generaba ansiedad, inquietud, dudas; no nos sentíamos seguros por nuestra falta de experiencia, por el entorno social y por nuestro desconocimiento. Finalmente decidimos junto con Cecilia, quien adhiere a la espiritualidad de la Unidad y es docente, comenzar con la tarea. Una necesidad, y algo en nosotros que ardía dentro, frente a la presencia de lo que Chiara Lubich llama “un Jesús Abandonado”. Haciéndole frente a la incertidumbre, decidimos poner manos a la obra. Nos ayudaron los consejos de Enrique, un amigo con quien compartimos el ideal de Chiara, que es asistente social y tiene experiencia en el tema.

Así fue que conocimos a Thyago y a su familia, con quienes nos reuníamos una vez por semana en la vereda de su casa, donde tienen una mesa con banquitos. Empezamos a ver con él las materias y a ayudarlo a ordenar la carpeta del colegio. Llevamos un pizarrón con marcador y se lo dejamos para poder trabajar en cada encuentro. Al principio fueron Matemáticas, y resultó un desafío para nosotros tratar de recuperar los conocimientos que teníamos en alguna parte de nuestra mente. Después siguieron Lengua y Ciencias Naturales, y también Inglés. Nos exigió estar atentos para encontrar la mejor manera de explicar las cosas, tratando de ponernos en su lugar, sin dar nada por presupuesto. A veces era jugar cuando él nos lo proponía. Y no faltaron las tortas fritas que nos hace la mamá, que con su compañero están armando una panadería con la ayuda de la comunidad.

Otro aspecto importante fue el acompañamiento de la hermanita y el hermanito de Thyago, de cinco y seis años. Ellos siempre estaban presentes en nuestros encuentros, y también nos ocupamos de jugar con ellos. Cuando era posible, los incorporábamos a los momentos de aprendizaje. Además, se fue estableciendo progresivamente una relación con su mamá y su compañero.

A fin de año, Thyago logró aprobar todas las materias y quedó feliz con ese logro. Esperamos poder continuar durante este año también. Nos dio alegría saber que, después de nuestra iniciativa, otras personas se propusieron para apadrinar a otros chicos. En esta situación vemos un rostro sufriente que quiere ser amado en algo tan importante como es la educación para el futuro de una persona. Es allí donde podemos amarlo concretamente. Y confiamos que con este paso que dimos, también se abrirá la posibilidad para otros chicos del barrio.

Un rostro sufriente que quiere ser amado
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