Libro

María Sáenz Quesada, Buenos Aires, 2023, Sudamericana

Por José María Poirier (Argentina)

Con su acostumbrado rigor investigativo y amenidad narrativa, la historiadora y académica María Sáenz Quesada, directora de la publicación Todo es historia, acaba de presentar el libro 1966 (De Illia a Onganía – El preludio de la Argentina violenta).

Como se señala desde el título y las dos frases que lo amplían, la obra trata del golpe que derrocó a un presidente constitucional durante uno de los más interesantes gobiernos de las últimas décadas, verdaderamente republicano.

En el capítulo 8 (Hombres de armas), después de una cita de Juan Carlos Onganía y otra del periodista Mariano Grondona, que convendría no olvidar, escribe: “El tema de la intervención de los militares en la política argentina en el siglo XX es uno de los más estudiados. En el caso particular del golpe de 1966 se conocen también memorias y testimonios de primera mano que responden a los interrogantes: ¿qué fue el Ejército azul?, ¿hubo unanimidad en sus filas?, ¿cuáles eran las consignas del momento?, ¿en qué instancia se quebró la voluntad de sostener al gobierno constitucional?”.

Una tras otra, detrás de los militares golpistas, aparecen importantes figuras del peronismo, del empresariado, del sindicalismo, de la Iglesia, “a los que se sumaría Perón desde Madrid”.  La prensa de ese año daba cuenta del Concilio Vaticano II (hay testimonios del teólogo Jorge Mejía y otros) sobre todo a raíz de los artículos que citaban en la revista Criterio a numerosas personalidades: Jacques Daniélou, Yves Congar, Henri de Lubac y el filósofo Jacques Maritain. Monseñor Jorge Casaretto menciona la apertura de Zazpe, Iriarte y otros valiosos obispos, pero mayoritariamente la Iglesia argentina (tanto de una línea como de otra) apoyaba a Onganía, quien haría gala de su fe ortodoxa y tradicionalista.

Ese año Perón, como un nuevo Maquiavelo criollo, señalaba: “En política, no se puede herir, hay que matar”. Mientras que un año antes, Illia decía: “El fortalecimiento de los partidos políticos es requisito indispensable para la integración de la democracia”.

Sin embargo, los militares nacionalistas temían el regreso del peronismo (concertado pocos años después por Lanusse) y consideraban que el gobierno de Illia “era ineficiente para impedirlo”.  En la conversación con el periodista Tomás Eloy Martínez, Perón confirmaba su apoyo al levantamiento: “Cuando los jefes militares me visitaron por interpósita persona, descubrimos algunas coincidencias”. Dice que es paciente y que espera que Onganía llame a lecciones y entregue el gobierno al ganador, porque si se quisiera perpetuar “fracasará irremisiblemente”.

En el libro son muy interesantes y reveladoras las menciones a los jóvenes Abal Medina, que pasó del nacionalismo tacuara al peronismo sin omitir la etapa cubana; al escritor Leopoldo Marechal, el autor de la anticipatoria novela Megafón o la guerra, que tanto le gusta a Jorge Bergoglio; y a Julio Cortázar, que pasó de su antiperonismo juvenil a embelesarse con las revoluciones centroamericanas. Y a los escritores Rodolfo Walsh, Pepe Bianco o María Rosa Oliver y Liliana Heker o Abelardo Castillo.

1966. De Illia a Onganía – El preludio de la Argentina violenta.
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