Jugar para volver a empezar

Editorial

Enero y febrero suelen regalarnos algo que el resto del año muchas veces nos escatima sin pudor: tiempo. Tiempo menos apurado, menos fragmentado, más disponible. Tiempo que no corre detrás del reloj sino que se deja habitar. Y con él, reaparece una posibilidad tan simple como profunda: la de estar más juntos. En familia, con amigos, con los que queremos y durante el año vemos poco o casi nada.

El verano tiene ese clima particular en el que vuelve a asomar algo esencial: el juego. Jugar no es solo cosa de chicos, aunque ellos sean los grandes maestros en esta materia. Jugar es encontrarse, reírse, improvisar, aceptar reglas simples, perder el control por un rato y, sobre todo, compartir. Cuando jugamos bajamos defensas, soltamos exigencias y nos mostramos como somos. En ese espacio sin rendimiento ni resultados que demostrar, algo se acomoda por dentro.

Está comprobado que el juego favorece el desarrollo emocional, fortalece vínculos, estimula la creatividad y enseña a convivir. Pero más allá de estudios y teorías –todos lo sabemos por experiencia propia– cuando jugamos, el tiempo se vuelve distinto. Más humano. Más nuestro. Y no solo crecen los chicos. También los adultos crecemos cuando jugamos, cuando nos animamos a disfrutar sin culpa, cuando dejamos de intentar ser solo responsables y eficientes.

Compartir momentos de juego y descanso nos hace bien a nivel personal, pero también nos transforma como comunidad. En una ronda, en una sobremesa larga, en una tarde sin apuro, aprendemos a escucharnos, a esperar turnos, a celebrar al otro. Así, casi sin darnos cuenta, vamos creciendo juntos. Porque nadie madura solo, crecemos en vínculo, en relación, en encuentro.

Este tiempo de verano puede ser también una invitación a frenar. A salir, aunque sea un poco, de la marcha automática del año y preguntarnos hacia dónde vamos, qué queremos cuidar, qué necesitamos cambiar. No para hacer listas imposibles ni grandes planes inalcanzables, sino para volver a poner el corazón en el centro.

Chiara Lubich lo decía con una sencillez luminosa: “Recomenzar siempre, enseguida y con alegría”. El inicio de un nuevo año es justamente eso, una oportunidad para recomenzar sin cargar mochilas innecesarias, con más confianza que miedo y con más esperanza que cálculo.

Quizás este verano sea el momento de jugar más, de escuchar mejor, de disfrutar sin reloj y de proyectar juntos. De descubrir que un mundo más fraterno no empieza en grandes discursos, sino en gestos pequeños: una ronda, una charla, una tarde compartida. Y que, a veces, el primer paso para construir lo que viene es tan simple –y tan profundo– como animarse a jugar otra vez.

Jugar para volver a empezar
Comparte en tus redes sociales

Un comentario en «Jugar para volver a empezar»

  1. Gracias por hacerme presente el valor del juego en las vacaciones. Ponerse en»modo lúdico» favorece el descanso, nos ayuda a vivir mejor cada presente , a compartir, a conocernos más, a disfrutar de las pequeñas cosas .. a sacar afuera nuestro niño interior que sabe que jugar es imprescindible y es cosa seria en la vida. ¡¡Felices vacaciones con muchos momentos de juego compartido!!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll hacia arriba