Dentro de las ponencias presentadas en el encuentro de Medellín, Colombia1 Marcial Apablaza, de Chile, presentó el tema “Amor social y redes comunitarias de cuidado: una experiencia de acompañamiento en el Barrio Yungay”. Reflexión académica que quisimos conocer en más detalles y, especialmente, conocer la realidad concreta de cómo se desarrolla en este lugar de Santiago.
Por Leonardo Araya (Chile)
Marcial Apablaza integra la Red Calle del Barrio Yungay, en Santiago de Chile, y participa en la Pastoral Social de los Misioneros del Verbo Divino. Se formó en esa congregación como hermano, donde estudió Filosofía y Teología. Más tarde viajó a Colombia para una experiencia pastoral de dos años pero permaneció allí casi tres décadas, período en el que fundó y coordinó diversas organizaciones sociales. Aunque dejó la congregación al segundo año, sostiene que continúa viviendo como verbita: “Yo tengo mucho de la espiritualidad del VD, me parecía importante conservar la espiritualidad, aunque no siempre lo pude hacer como laico; sin embargo, lo que he vivido ha sido súper evangélico”.
Sobre su llegada a Yungay, recuerda: “En 2008, ya de vuelta en Chile, me encontré con el modelo de trabajo social ECO2. Estaban impartiendo el curso de dos años y decidí integrarme. Allí adquirí herramientas y aprendizajes para trabajar en distintos territorios. Después le conté a Fernando Díaz mi experiencia en Colombia y él me habló de San Saturnino2. Entonces me dijo: ‘En algún momento, cuando lo consideres pertinente, ven a Santiago, vive con nosotros y comparte esas herramientas o ese modelo’. Así llegué a ese espacio”.
Se refiere a Fernando Díaz, quien, junto con Roberto Díaz y Marcelo Oyarzún, sacerdotes verbitas, vivía en un centro de acogida de la calle Virginia Opazo, cerca del barrio Yungay. Durante la pandemia, además, estuvo vinculado a la Parroquia San Saturnino.
Al abordar los vínculos sociales, entendidos como relaciones entre personas que se reconocen en igualdad, Marcial explica: “La vida no es plana; es dinámica. Yo la asocio a un concepto muy filosófico: el de los rizomas. Así entiendo también el campo social en el que se mueve el Barrio Yungay: como una red viva de conexiones orientadas al bien y al buen vivir. Esas conexiones incluyen a las personas en situación de calle, a los vecinos del barrio, a instituciones del territorio y también a organismos gubernamentales. Procuramos que ese entramado esté al servicio de la vida. Mientras más fuerte es, menos espacio deja al entramado de la muerte.
He vivido muchos años en contextos marcados por el narcotráfico y aunque no nos corresponde cumplir el rol del Estado, cuando nos entrelazamos como comunidad tenemos una fuerza mayor que la gubernamental que puede contrarrestarlo, porque las conexiones para la vida lo van desplazando”.
En términos concretos, cuando una persona en situación de calle se reconoce dentro de ese entramado, este funciona como un espejo: le permite verse como parte de una red de relaciones. Eso puede traducirse en menos consumo, reducción de daño e incluso en la decisión de dejarlo. No se trata de sacar a alguien de la calle por la fuerza, sino de crear condiciones para que pueda decidir. Y esas condiciones se construyen a través de vínculos, no solo con un café y un pan, sino comprometiéndose con la vida de la otra persona, como Jesús, que dio la vida por sus amigos.
Ese cambio se expresa en hechos concretos. Por ejemplo, en un grupo de WhatsApp del barrio una vecina preguntó: “¿Alguien sabe dónde puedo llevar a Juan Pérez a bañarse mañana? Porque lo voy a acompañar al médico”. Una vecina del barrio. No tenía ninguna obligación, pero ella hizo un proceso con ese individuo que en algún momento el individuo le dice “acompáñame al médico y necesito bañarme”, y ella decide acompañarlo y busca dónde bañarlo.
Otro caso fue el de una concejala que promovía una campaña para expulsar del barrio a las personas en situación de calle. Por su cargo, tenía capacidad de influir en vecinos y medios de comunicación. Sin embargo, al conocer a las organizaciones del territorio y escuchar historias concretas de vida, su mirada cambió de manera profunda. Aunque hoy ya no es concejala, esa transformación siguió teniendo impacto en su relación con la comunidad.
También está el caso de un empresario del barrio que contrató a dos personas en situación de calle. Una no logró sostener el proceso y se automarginó, pero la otra recibió varias oportunidades y consiguió estabilizarse, cuidar mejor de sí misma, mejorar su salud y dejar de consumir. Lo relevante es preguntarse qué transformó la mirada de ese empresario y cómo ese cambio puede influir en otros vecinos”.
Marcial describe este sistema como una red de nodos en la que participan instituciones, vecinos, parroquias, comercio y ONG que antes trabajaban de forma aislada y que hoy han construido vínculos entre sí. Tan importantes como los nodos son los espacios que se abren entre ellos: allí surgen la inclusión, la acogida, la adaptación al otro, la posibilidad de asumir la diferencia y el riesgo, y también un lugar donde habita el Amor •
1. Escuela Internacional de Primavera-Medellín 2025: “Habitar nuestras ciudades y territorios desde nuevos paradigmas. Amor social en tiempos de desigualdad”. 5 al 8 de septiembre de 2025. Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), Medellín, Colombia.
2. Iglesia del barrio Yungay, Santiago de Chile.



