Creer en el amor

Editorial

El mes de agosto nos invita, en los cuatro países de nuestra zona Cono Sur, a celebrar la infancia. Muchísimas son las formas de hacerlo, como tantísimas son las experiencias y maneras de vivir esta etapa de la vida. Pero en esta fecha podemos hacer foco en el compartir. En la simpleza de compartir el presente: acercarnos más, conocernos mejor, descubrir, aprender y dejarnos transformar por el otro. 

Son tantas las cosas que niñas y niños pueden enseñarnos en este compartir. Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, nos invitaba a todos a ser “Niños Evangélicos”, a amar con un corazón puro, pero sobre todo a creer. Creer en el amor, creer en el otro, creer que un mundo mejor es posible y que lo construimos momento a momento. Y para eso es importante estar juntos, acompañarnos mutuamente, escucharnos en toda nuestra profundidad. 

Creer en el amor también significa conservar esa confianza tan propia de la infancia, que se anima a empezar de nuevo una y otra vez. Los niños se acercan sin tantos prejuicios, juegan sin preguntarse qué van a ganar, hacen amigos con una facilidad que muchas veces los adultos hemos olvidado. Se dejan sorprender, confían, vuelven a intentar después de una pelea y descubren el mundo con la certeza de que siempre hay algo bueno por encontrar. Quizá crecer no consista en perder esa mirada, sino en aprender a custodiarla con mayor profundidad y libertad. Porque creer en el amor no es ingenuidad: es elegir, incluso en medio de las dificultades, seguir apostando por el encuentro, por la confianza y por la posibilidad de construir juntos. 

Compartimos en esta edición algunas notas que nos ofrecen claves para ese acompañamiento amoroso, para esa escucha atenta, para construir ese vínculo especial, único. La relevancia de aprender a vivir y gestionar las emociones, sobre todo desde la infancia. Recursos pedagógicos e institucionales que permiten favorecer la inclusión de niños y niñas con autismo en espacios escolares. Experiencias de quienes se dedicaron a compartir el camino con niños y adolescentes que presentan diversas condiciones en el desarrollo. O la manera de transmitir valores que se transforman en acciones concretas diariamente a través de dinámicas pedagógicas lúdicas, que podemos practicar juntos. 

Todo esto con el gran objetivo de crecer en la cercanía, de aprovechar cada oportunidad para desaprender y volver a aprender a vivir el presente. Para animarnos a jugar más con quienes tenemos al lado, una experiencia fundamental para niños y adultos, para descubrir el mundo juntos y redescubrirnos a nosotros mismos. Este mes podemos “celebrar la infancia” no solo como una etapa de la vida, sino como una manera de habitar el mundo.

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