Compromiso en los lazos de paz

Congreso Internacional – Roma fue sede de este encuentro del que participaron unas 480 personas. Un laboratorio de fraternidad, compuesto por verdaderos milagros en las experiencias personales. Ponencias, espacios de diálogo y comunión, peregrinación en Asís y visita al papa Francisco.

Por Mily Dallacaminá y Jorge Callejo (Argentina)*

«Estamos en una etapa de madurez para poder dar un paso adelante, para crear no una nueva religión, sino una nueva espiritualidad de la unidad entre las religiones”. Estas palabras de Margaret Karram, presidenta del Movimiento de los Focolares, expresaban el sentimiento que resonó durante todo el Congreso Internacional de Diálogo Interreligioso organizado por el Movimiento de los Focolares, del 31 de mayo al 4 de junio pasado, en Castel Gandolfo. El encuentro fue un crisol de colores, de lenguas, de nacionalidades, de religiones. Desde el Líbano a Estados Unidos, desde Camerún hasta Singapur, desde Argentina a la India. Mujeres y hombres, adultos y jóvenes, llegaron a Roma para encontrarse como “una sola familia”. En total participaron unas 480 personas de 40 países y de distintas tradiciones religiosas, entre cristianos, judíos, musulmanes, budistas, hinduistas, sikhs, bahai y de religiones tradicionales africanas. Las palabras de la Dra. Lalita Namjoshi de India reflejan lo vivido en esos días: “Antes nuestros encuentros tendían a ser académicos, ahora son experiencias de vida”. Sin dudas, todo lo vivido tuvo una fuerza aun mayor en el contexto actual, marcado por el conflicto entre Israel y Palestina y tantos otros conflictos internacionales, además de acuciantes problemas económicos en tantas partes del mundo, que sin dudas podían opacar la intención de construir la paz y la fraternidad. Pero la necesidad del encuentro presencial, y de sentirse una sola familia humana, fue mucho más fuerte. 

Volviendo a las palabras de Margaret, el camino que se viene llevando adelante y se puso de manifiesto en el encuentro es que los fieles de otras religiones han asumido el Carisma de la Unidad permaneciendo fieles a su identidad religiosa. Todos los participantes estuvieron comprometidos en construir lazos fraternos y de paz, poniendo en práctica el amor a los demás y suscitando la presencia de Dios entre los participantes. Todo esto, enmarcado por un programa donde se dio protagonismo al testimonio elocuente de personas de varias religiones, y donde se escucharon importantes ponencias referidas a, entre otros temas, el impacto de la inteligencia artificial en las relaciones interpersonales y entre religiones, el desarrollo de una economía para la paz, el cuidado de la creación en las grandes religiones como contribución a la paz.

Se pudo recoger testimonios de verdaderos milagros en las experiencias personales. Por ejemplo, un judío contó que, si antes de este encuentro le decían que iba a establecer relaciones con un musulmán, lo consideraba inverosímil. Sin embargo, manifestaba que el clima que había en el congreso generaba estos espacios cuidados, de mucho respeto, donde el diálogo se hacía posible. Al final, agradeció la posibilidad de poder iniciar diálogos fraternos con varios musulmanes. Fue confirmar la convicción de que, no solo los cristianos sino también los miembros de otras religiones, pueden construir el mundo unido. 

Un momento muy profundo y de gran alegría fue la ocasión de participar de una audiencia privada con el papa Francisco, en la Sala Clementina del Vaticano, el lunes 3. Los participantes le presentaron la experiencia de fraternidad vivida esos días, una experiencia que trascendió el diálogo. Francisco dirigió unas palabras de gratitud y de aliento para seguir trabajando por la paz, a través de los diálogos. “Vuestro testimonio -dijo- es un motivo de alegría, un motivo de consuelo, especialmente en este tiempo de conflicto, en el que a menudo se instrumentaliza la religión para alimentar el conflicto”. Eso estuvo acompañado por la alegría de poder saludarlo cada uno personalmente; sin dudas, un momento para atesorar toda la vida, una confirmación del camino elegido.

Al día siguiente, todos los participantes fueron en peregrinación a Asís, ciudad de la paz. Allí también fue de un momento muy importante, en oración, en gestos, en la visita a la tumba de San Francisco y de Carlo Acutis, próximamente santo. La delegación fue recibida por los franciscanos y el movimiento Laudato Si, y contó con el acompañamiento del Obispo del lugar. Las callecitas medievales de Asís, empedradas y ondulantes, expresaban una gran belleza, pero a la vez generaban un desafío adicional para algunas personas al caminar. A eso se sumaba el cansancio propio de largos viajes y del transcurrir de los días tan intensos en actividades y emociones. Pero no faltaron los gestos de cuidado y compañía: allí donde se dificultaba el camino, se hacía presente la fraternidad. Otro momento precioso y luminoso fue la oración final, a la tardecita, en el bosque de San Francisco, a unos pocos metros de la Basílica, en pleno contacto con la naturaleza, recreando las palabras de la Oración de San Francisco. Fue emocionante sentirla en tan distintas voces, estilos y lenguas. Fue una peregrinación de fraternidad donde se ponía de manifiesto que la paz exterior solo se puede construir a partir de la paz interior.

Fue un viaje lleno de vivencias para celebrar, para agradecer, para ofrecer también. En palabras de Margaret, este encuentro fue un verdadero laboratorio de fraternidad. Los participantes volvieron a sus lugares de origen con la convicción de que el mundo unido es posible y que la experiencia vivida en estos días debía servir de impulso para construir la unidad y la fraternidad. En pequeños y grandes gestos, en palabras, o a veces también en silencios •

*Los autores son responsables del Diálogo Interreligioso del Movimiento de los Focolares para el Cono Sur

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