La tragedia de los incendios forestales en el mundo se ha convertido en un tema recurrente. En tiempos de crisis, se ven expresadas la solidaridad y la fraternidad a través de acciones concretas y gestos de servicio.
Por Leonardo Araya y Pablo Herrera (Chile)
El calentamiento global y el aumento de las zonas de plantaciones productivas, que destacan por el uso de especies altamente combustibles, han incrementado tanto la cantidad como la magnitud de los incendios. Lo más trágico es cuando afectan sectores habitacionales, ocasionando muertes y pérdidas importantes en viviendas y estructuras sociales. Sin embargo, estas crisis motivan diversas formas de solidaridad y apoyo social a los afectados, algunas tan originales que vale la pena destacar.
La tragedia
A principios del año se registraron grandes incendios forestales en Chile; esta vez en la región del Bio-Bio (Concepción), zona destacada por extensas plantaciones productivas de bosques de pino radiata y eucaliptus. Al igual que los incendios forestales de Viña del Mar (Ciudad Nueva, marzo 2024), las llamas alcanzaron zonas urbanas aledañas a los siniestros. Un informe de Naciones Unidas señala 21 muertes, más de 300 lesionados y 21.800 damnificados con 4.130 viviendas destruidas. Pese a las medidas adoptadas desde el siniestro de 2024, que consideran principalmente acciones para combatir los incendios, aún prevalecen condiciones de alto riesgo respecto de la propagación a extensas áreas y a zonas urbanas; factores como especies arbóreas altamente inflamables que generan suelos igualmente inflamables, la falta de cortafuegos en grandes extensiones de bosques y la nula distancia entre plantaciones y poblados, mantienen este riesgo.
En el marco de toda esta tragedia, es importante destacar el apoyo de la comunidad internacional. Desde Europa dispusieron de profesionales expertos en incendios forestales; México envió 145 brigadistas especializados, Uruguay envió otros 40 bomberos y tanto Estados Unidos como otros países colaboraron con equipamiento especializado. Pero tanto el apoyo gubernamental como el de los países hermanos y de las ONG como “Techo” y “Desafío Levantemos Chile”, no se esperaban una nueva fuente de apoyo y ayuda a los damnificados.
Ayuda en tiempos de redes sociales
Lo que comenzó como una tragedia producto de las llamas en la zona sur en Chile se transformó de manera rápida en una ola de solidaridad. Mientras las autoridades gubernamentales desplegaban sus protocolos, un grupo de figuras públicas influencers tomó la delantera en la carrera por llevar ayuda a los damnificados.
Lejos del brillo de las cámaras y las poses frente al espejo, los influencers chilenos se convirtieron en los protagonistas de una de las movilizaciones ciudadanas más impactantes de la temporada estival.
Apenas se conformó la magnitud del desastre en localidades como Penco, Lirquén y Punta de Parra ubicadas en la zona sur de Chile, las redes sociales a menudo criticadas por su superficialidad viraron hacia un centro de ayuda virtual. Figuras como Naya Fácil fueron de las primeras en asistir a la zona afectada; ella no solo recaudó fondos, sino que viajó con un camión cargado de alimentos no perecederos, agua, bebidas isotónicas y comida para mascotas, distribuyéndolos puerta a puerta a los más necesitados.
Junto con ella, el creador de contenido Rodrigo Fernández, conocido como “Otakin”, emergió como uno de los organizadores claves. Cercano a la zona, su conexión con el territorio lo llevó a impulsar una campaña que superó los $15 millones de pesos chilenos (US$16.500 aproximadamente). La logística se volvió una odisea de coordinación ciudadana.
El cantante urbano Pailita también movilizó su enorme convocatoria. A través de sus redes, dispuso un bus para trasladar a 60 voluntarios y coordinó la recolección de herramientas de trabajo como palas, chuzos y sacos, esenciales para las primeras faenas de remoción de escombros.
Esta situación no pasó inadvertida para las autoridades. El propio presidente Gabriel Boric se refirió al fenómeno durante su visita a la zona. Si bien valoró las “expresiones de solidaridad” y confirmó haber conversado con algunos de ellos, advirtió sobre el “colapso de información” y las dificultades operativas que generaba el ingreso desordenado de ayuda particular, que en ocasiones entorpecía el trabajo de la maquinaria pesada.
La preocupación escaló a un nivel más técnico cuando el director regional de Senapred (Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres), Alejandro Sandoval, encendió las alarmas sobre la instalación de viviendas de emergencia donadas directamente por influencers. La advertencia era clara: muchas de estas construcciones se estaban levantando sin los permisos de las direcciones de obras municipales y, en algunos casos, en zonas de riesgo no habilitadas, lo que podría poner en peligro a las mismas familias que buscaban ayudar. “Nosotros desconocemos si esas casas tienen los certificados. […] No hay una garantía o certeza de su proceso de instalación”, explicó Sandoval, subrayando la necesidad de canalizar la ayuda a través de los conductos regulares para evitar futuros problemas.Si bien estas iniciativas necesitan adecuarse a la estructura actual de apoyo ante desastres, las intenciones profundas que motivan a los influencers, la ayuda eficiente y diligente ante las necesidades de los damnificados, son valores dignos de replicar en otras áreas de la sociedad.



