Curriculum vitae (autobiografía)

Libros

Por José María Poirier (Argentina)

Muriel Spark

Buenos Aires, 2022, La bestia equilátera

Muriel Spark nació en Edimburgo (Escocia) en 1918, después de su casamiento vivió un tiempo en Rhodesia (allí nació su hijo y finalmente se divorció del marido, un hombre con graves problemas psiquiátricos) y vivió sus últimos largos años en un pequeño pueblo de Toscana, donde murió en abril de 2006. En la introducción, escrita por la misma autora de este libro netamente autobiográfico, cuenta: “Soy una acumuladora de dos cosas: documentos y amigos de confianza. Los primeros sobrepasan a los segundos en cantidad, pero en lo que respecta a calidad, estos últimos dejan a aquellos muy atrás”. Y a continuación: “Me fascinan los detalles. Me encanta reunir montones de ellos. Los detalles crean atmósfera. También hay magia en los nombres, pero nunca con tanta humildad. La mayoría de los nombres en las páginas que siguen –el relato de los primeros treinta y nueve años de mi vida– son desconocidos para el público. Por esa misma razón son aún más preciosos para mí”.

En 1944 se separó del marido, de quien adoptó el apellido, y se trasladó a vivir a Inglaterra en plena guerra y con mil dificultades para viajar. Mientras tanto, por unos meses su hijo quedó en África al cuidado de unos amigos para alcanzar a la madre meses después.
Acabada la guerra, Muriel vivía una situación económica muy precaria y fue su amigo el gran escritor Graham Greene (el autor de El poder y la gloria y El fin de la aventura, entre otras maravillosas novelas), quien la ayudó económicamente con una pensión alimenticia mensual para salvarla de esa miseria y que pudiera seguir su obra literaria, con la condición de que nunca le diera las gracias ni rezara por él. Muriel se había convertido al catolicismo, como Greene, sin perder ambos el refinado humor británico.

Luego comenzaron sus estudios biográficos de escritores admirados como Wordsworth, Mary Shelley (la autora de Frankestein), las hermanas Brönte y el poeta John Masefield.

A fines de 2011, Silvia Hopenhayn escribía en el diario La Nación: “Es una alegría encontrar una novela de Muriel Spark. De seguro no habrá pasajes demasiado dramáticos ni melosos. Le importará poco el desconsuelo de una mujer abandonada y menos aún la pasión sin ejercicio retórico. En sus tramas, el placer del pensar, a lo largo del día, se asemeja al de la contemplación de un bello paisaje. No me refiero a la meditación filosófica; más bien, al detenimiento en gestos para discriminar su verdadero origen, como si consiguiera espiar las estrategias de existencia de cada uno, hasta las más viles. De allí que su estilo sea reflejo de su visión de las cosas”.

De Muriel nunca olvidaremos, entre sus encantadoras novelas: Memento Mori (1959) y La plenitud de la señorita Brodie (1961).

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