Dios ha querido mi existencia

Atractivos de un carisma

por Sonia Vargas Andrade (Bolivia)

na lectura veloz de los escritos de Chiara Lubich puede llevar a deducir que su pensamiento antropológico se centra solo en el aspecto espiritual. Sin embargo, su perspectiva espiritual es integral, involucra a la persona en todas sus facetas. Por ello, se puede intentar alcanzar el equilibrio psicoemocional atesorando una idea fija: la certeza de que Dios me ama, no suelta mi mano en ninguna circunstancia. Anclada esa certeza en el pensamiento, se abre un camino relacional, una suerte de salvavidas: el otro. Donarme al otro me alivia, allí anida esperanza y fortaleza. Así lo explica Chiara:

“…el primer punto: Dios como Amor, Dios que es Amor. En psicología se sabe con seguridad que la necesidad fundamental de la persona es ser reconocida en su propia identidad única e irrepetible y no ser considerada un número o un objeto. Normalmente, por lo general, esta seguridad la dan los padres, la familia, las propias capacidades, la educación recibida. Por lo que la persona se siente ella misma, distinta de los demás; pero todo esto puede relativizarse cuando: los demás no la reconocen, no la entienden, no la aprecian y, por eso, cae en un sentimiento de poca autoestima y de depresión. El descubrimiento y la certeza de que Dios la ama, que ha querido su existencia, que no ha sido abandonada a la casualidad o a un destino ciego, es la base para que tenga la seguridad psicológica que da sentido a su vida y a su misión en este mundo. Solo la seguridad de que Dios es amor también para ella le da la fuerza para salir siempre de sí, para vivir, para amar y crear la comunión social.

[…] Ahora bien, que Dios sea Amor y que su voluntad coincida con el amor, o sea, con el amor al prójimo, lo confirma no solo la enseñanza de Jesús, sino también la experiencia psicológica de las relaciones entre las personas: la sola relación con el otro, que no sea de mera violencia o de condicionamiento, sino que reconozca y respete su “persona” como ser trascendente, es “amarlo como a sí mismo”, ya que mi amor no solo lo confirma en su ser distinto de mí, igual a mí, trascendente como yo, sino que me “hace ser” también a mí. Solo el amor tiene en cuenta la diversidad –o la distinción– salvando la uniformidad y haciendo de este modo posible la unidad. La novedad de la cultura que Jesús trajo consiste en la revolución de las relaciones entre las personas1.”

1- Ceremonia de entrega del doctorado honoris causa en Literatura (Psicología) a Chiara Lubich, en la Universidad de Malta, Malta, 26 de febrero de 1999.

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