La comunicación es fundamental en la propuesta del paradigma que propone la sostenibilidad relacional como una opción para alcanzar una calidad de vida ecológica integral.
Por Isabel Gatti (Argentina)
Uno de los desafíos más grandes en esta área es la relación comunicación, cultura y tecnología. Desde los años sesenta se han introducido en las Ciencias de la Comunicación dos perspectivas, condensadas genialmente por Umberto Eco en su artículo “Apocalípticos e integrados”1. De un lado encontramos fascinación por los nuevos instrumentos y del otro, crítica feroz. Las dos perspectivas aportan aspectos a considerar en este debate. Necesitamos pensamiento crítico y al mismo tiempo desarrollar un uso adecuado de lo tecnológico para favorecer el encuentro entre las personas y las comunidades humanas.
Son múltiples las perspectivas que consideran la comunicación como un bien común de la sociedad y por lo tanto buscan este equilibrio: Comunicación generativa, Comunicación para el cambio social, Comunicación dialógica, Periodismo de soluciones, Comunicación no violenta, Comunicación y decolonialidad, Comunicación y buen vivir, son algunas de las propuestas en esta dirección. Estas corrientes en muchos casos han integrado también la acción a la investigación.
Desde hace décadas, América Latina ofrece experiencias de comunicación alternativa y comunitaria. Diversas comunidades, partiendo de condiciones de vida muy precarias, a través del uso de medios analógicos y digitales, logran mejorar las condiciones de vida de sus territorios, alcanzando, en muchos casos, un verdadero desarrollo integral. La sistematización de estas experiencias ha dado origen a la corriente de la Comunicación dialógica, que se apoya en la reflexión teórica de Paulo Freire y Antonio Pasquali como autores centrales. Esta perspectiva parte de la crítica del modelo informacional impuesto por los medios de comunicación de masas y propone la creación de espacios que buscan resguardar y promover los derechos humanos.
Se considera la comunicación como un hecho cultural y su movilización tuvo el imperativo de dar voz a sectores históricamente silenciados. Por ejemplo, se pusieron en marcha las radios comunitarias en las minas de Bolivia, donde además de extraer el metal precioso se imponía a los mineros un sistema de trabajo cercano a la esclavitud. Nacieron cursos de alfabetización, que en Ecuador llegaron a alfabetizar 17.000 indígenas, cientos de experiencias en Brasil y por toda América Latina que acompañaron y acompañan las luchas de activistas que en la región buscan fortalecer la democracia.
Dentro de esta perspectiva, encontramos la propuesta del “Buen vivir”, originada en la cultura de los pueblos andinos de nuestra región. Según Contreras, esta cosmovisión supone una “cosmoconvivencia” que acentúa lo relacional junto a cuatro dimensiones: la cosmocéntrica (el centro es el cosmos), biocéntrica (el centro es la vida), etnocéntrica (el centro es el ser humano) y ecocéntrica (el centro es la naturaleza).
Estos movimientos continúan hoy, también ocupándose de lo digital y han llegado a constituir, por ejemplo, la red indígena de apropiación de la inteligencia artificial. Porque existe la conciencia de que esta nueva tecnología, con sus deslumbrantes luces, esconde la posibilidad de hacer desaparecer del universo simbólico a las minorías.
Rodrigo Martínez Martínez (2015), recuperando el pensamiento de Antonio Pasquali, evidenciaba de forma sintética el sentido de sus ideas:
•Recuperar la relacionalidad potenciando la intersubjetividad humana real.
•Imaginar nuevos contratos sociales que permitan mayor participación.
•Promover el diálogo social entre todas las culturas.
•Liberar la interlocución.
•Garantizar una mayor justicia distributiva en la comunicación social
El modelo propuesto por Pasquali articula los diferentes intereses del campo comunicativo desde una mirada ética relacional que promueve los valores fundamentales de la persona y la comunidad, y por esto puede ofrecernos una dirección para sumar nuestros esfuerzos de transformación cultural según el paradigma de la sostenibilidad relacional •
1. ECO, U. (2003): Apocalípticos e integrados. Traducción de Andrés Boglar. Barcelona: Lumen.



