¿Estamos a tiempo de sanar nuestra Casa Común?

A través de la ciencia, en este último siglo hemos podido comprender qué es lo que provoca que la Tierra sea un oasis lleno de vida en medio de un universo inhóspito. Sin embargo, mientras nos alegramos por estos descubrimientos, estamos perdiendo los ciclos vitales que hacen posible nuestra propia existencia. El nuevo Informe de Evaluación de la Salud Planetaria (PHC) de 2025 lanza una advertencia contundente: el diagnóstico de la salud de nuestro planeta es muy preocupante.

Por María Florencia Decarlini (Uruguay)

Un planeta fuera de sus límites

El marco de los Límites Planetarios evalúa nueve procesos vitales que regulan la estabilidad y resiliencia de la Tierra. No son “fechas de caducidad”, sino umbrales de seguridad que, de superarse, alteran de manera irreversible las condiciones que permitieron el desarrollo de nuestra civilización.  

Imaginemos que el planeta es un gran cruce vial y tenemos nueve semáforos para que nadie choque. Las señales nos dicen cuándo debemos frenar antes de que sea tarde. Si no nos detenemos e ignoramos la advertencia, el impacto será irreversible para todos los pasajeros. Y el informe de la Salud Planetaria 2025 es para que pisemos el freno a fondo: ¡ya se nos pusieron en rojo siete de esos nueve semáforos!

Los siete semáforos que están en rojo:

Cambio climático: el planeta se está calentando cada vez más rápido debido a la contaminación por los gases de efecto invernadero.

Pérdida de biodiversidad: estamos perdiendo animales, plantas y ecosistemas a un ritmo alarmante. La red natural que nos protege se está desmoronando.

Destrucción de bosques: estamos eliminando demasiada vegetación y la cobertura verde del planeta está disminuyendo a menos del 75 %. El mayor peligro de que esta cobertura caiga tanto es que los ecosistemas tienen un límite de resistencia. Si deforestamos un trozo más de un bosque tropical como el Amazonas, el clima local cambiará tanto (habrá menos humedad y más calor) que el bosque restante ya no podrá sostenerse a sí mismo. Empezará a morir solo, transformándose en una sabana seca.

-Crisis del agua dulce: hemos alterado tanto los ríos y humedales que el riesgo de sufrir sequías extremas e inundaciones es cada vez mayor.

-Contaminación por fertilizantes: el uso excesivo de químicos (como nitrógeno y fósforo) en la agricultura está asfixiando los ríos y mares, creando zonas muertas sin oxígeno.

-Océanos más ácidos: el mar absorbe tanto exceso de contaminación que su química está cambiando, lo que pone en grave peligro las especies marinas.

-Contaminación artificial: hemos inundado el planeta con plásticos y materiales sintéticos creados por el ser humano, y la contaminación está completamente fuera de control.

Solo nos quedan dos semáforos en verde:

-La capa de ozono: sigue recuperándose gracias a las prohibiciones de químicos que se hicieron en el pasado.

-Partículas en el aire (aerosoles): la cantidad de polvo y contaminación flotando en la atmósfera aún se mantiene en un nivel global tolerable.

El costo humano de la transgresión

Superar estos límites no afecta a todos por igual. El cambio climático intensifica fenómenos meteorológicos extremos, cuya gravedad depende de la salud de los otros límites. Estos factores también incrementan la vulnerabilidad y la exposición de las comunidades, especialmente entre los grupos marginados y socioeconómicamente desfavorecidos. Sin equidad global, las poblaciones más desfavorecidas seguirán siendo devastadas de manera desproporcionada.  

Estamos entrando en una zona de “alto riesgo”, donde partes del sistema terrestre –como los casquetes polares o la Amazonia– podrían colapsar bruscamente (puntos de inflexión), acelerando el calentamiento de forma irreversible.

La ventana de oportunidad: compromiso y política

Aunque el panorama es desafiante, la notable resiliencia de la Tierra aún nos ofrece una oportunidad para regresar a un espacio operativo seguro. Sin embargo, esa ventana se está cerrando rápidamente: la próxima década será decisiva.  

¿Qué podemos hacer?

Acciones cotidianas: para la Tierra, toda pequeña acción cuenta. Personalmente podemos reducir nuestros consumos, gestionar plásticos, controlar vertidos, mesurar el uso de fertilizantes y, sobre todo, no dejar de formarnos y de concientizar a quienes nos rodean. 

Decisiones políticas: la aplicación de las decisiones normativas son las que pueden tener un impacto inmediato. La historia demuestra que la regulación funciona. El control de los fluorocarburos para el ozono o del plomo en la gasolina son ejemplos de cambios positivos logrados mediante leyes.  

Presión ciudadana: actualmente, solo el cambio climático domina la agenda política. Nuestra responsabilidad es empujar para que los nueve límites sean prioridades globales, promoviendo acciones que cambien las estructuras y los procesos desde la raíz.

En la película No miren arriba (2021), la indiferencia y el negacionismo llevan al desastre ante un cometa inminente. Ante los datos del informe de 2025, no podemos permitirnos la misma pasividad. La salud de nuestra Casa Común exige un compromiso solidario con las generaciones futuras •

Temas como este profundizaremos en un encuentro de EcoOne internacional, que tendrá lugar en Castelgandolfo (Roma) del 18 al 20 de septiembre de 2026. Puedes escribirnos a: eco1conosur@gmail.com.

¿Estamos a tiempo de sanar nuestra Casa Común?
Comparte en tus redes sociales

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll hacia arriba