La historia es tambiénel presente

Editorial

Los adultos mayores nos muestran que la historia del mundo se materializa (también) en nuestras vidas, en las personas, en nuestras propias historias y experiencias. Pero es cierto que esas vidas no son iguales, no siempre hablan el mismo idioma, y los puntos en común pueden volverse cada vez más lejanos. Algo que puede dificultar la relación con adultos mayores reside en la diferencia del tiempo, dimensión fundamental en nuestra realidad actual. Primero, porque pertenecemos a tiempos distintos, que a veces se sienten como si fueran más bien mundos distintos. Pero después, porque este tipo de relación requiere un tiempo distinto, muchas veces detenernos, esperar, repetir, ir hacia atrás y no hacia adelante. No poner el foco en el futuro, en resultados, en productividad, sino en el presente. 

Es ese el tiempo que nos une, el presente, y es ese el tiempo que tenemos para amar. Para construir relaciones de proximidad con el otro, de recibirlo dentro de nosotros, acogerlo, hacernos uno. 

Por eso, para pensar en la tercera edad y las relaciones que construimos, queremos proponer el paradigma de la cercanía, de la familia. Y leemos este desafío en clave de diálogo: diálogo que une dos realidades distintas, dos tiempos, dos mundos. Pero no porque sean irreconciliables, sino porque justamente están conectados por el presente.

Cuando tenemos una historia compartida —cuando se trata de nuestra propia familia y personas cercanas— tenemos la riqueza de habernos acompañado mutuamente para llegar al “hoy”. Cuando no, es todavía más grande el tesoro por descubrir, que son las experiencias de vida que portamos con nosotros, que nos hablan de alegría, de dificultades superadas, de dudas, de descubrimientos, de sueños, de amores y desamores. 

Si partimos de la certeza de que todos tenemos algo para dar, estemos en el momento del camino en el que estuviéramos, podemos encontrar en el otro una riqueza que también lo anima a donar lo que tiene dentro, lo que trae consigo. Este reconocimiento de los dones que todavía podemos regalar a los demás, en los adultos mayores puede ser la clave para construir relaciones nuevas, de cercanía, que nos encuentren en el momento presente para seguir construyendo juntos, más allá del tiempo. 

Es esta la clave en la que nos hablan algunas de las experiencias que compartimos.

Por un lado, cómo la tecnología puede afectar a esta construcción del vínculo: acrecentando una brecha que naturalmente existe entre una generación y la otra, o como facilidad para el acompañamiento de quienes lo necesitan de manera más dedicada. 

Cómo el desafío de aprender algo nuevo nos iguala y no solo nos da la oportunidad de crecer momento a momento, sino que además, en este caso, reconoce las experiencias de vida como el valor fundamental, digno de ser contado a todos. 

O algunas experiencias personales en las que atravesar una enfermedad como el Alzheimer, que nos habla de memoria y olvido, de pasado y presente, puede ser algo enormemente desafiante, pero que nos invita a dar un paso más en nuestras relaciones y amar al otro como es hoy.

¿Y de qué nos habla el ideal de la fraternidad universal sino del mandamiento de “ser familia”? De acompañarnos unos a otros, de festejar el presente que nos encuentra con todo lo que traemos, con lo que somos hoy, con lo que fuimos y lo que podemos ser. De construir relaciones en el eterno presente, que van mucho más allá del tiempo, que no hacen más que enriquecer nuestra vida con la luz del otro. Porque un mundo mejor no solo se construye pensando en el futuro, sino que lo testimoniamos hoy con nuestras relaciones, en un presente que nos encuentra unos con otros y nos da la posibilidad de comprometernos también hoy con ese ideal.

La historia es tambiénel presente
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