Crisis climática – Como toda la región, Paraguay también sufre las consecuencias del fenómeno natural El Niño. Las consecuencias son tan diversas que el país sufre sequías e inundaciones al mismo tiempo y por igual. Su impacto es multicausal y responde a una crisis climática que distintos especialistas paraguayos ayudan a explicar.

Por María Belén Galeano (Paraguay)

El agua, como sangre de las venas del planeta, es parte del ciclo natural de cambio del clima, de fenómenos que construyen un constante “orden en el caos”, terminando en equilibrio en los distintos ecosistemas. Los problemas aparecen cuando acciones evitables repercuten en la secuencia natural de esos fenómenos. Así es como en la crisis climática los fenómenos de El Niño y La Niña se vuelven cada vez más feroces para Sudamérica.

El reconocido meteorólogo paraguayo Benjamín Grassi, fallecido en 2021, fue uno de los fundadores de la carrera de Meteorología de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) y también fue director del Servicio Meteorológico de la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (Dinac). Él mismo explicaba: “Como muchas regiones del mundo, Paraguay fue y será permanentemente afectado por desastres naturales. Fenómenos como tormentas e inundaciones, tornados, sequías e incendios forestales, entre otros, son recurrentes y de períodos variables. Ocurrieron y ocurrirán”.

Pero ¿qué es El Niño? Grassi señaló en su artículo “El Niño 1997-98 y los impactos ambientales en el Paraguay” que este fenómeno se trata de las alteraciones en el patrón de la circulación general de la atmósfera en el sudeste de Sudamérica, región comprendida por el centro y norte de la Argentina, Sur del Brasil, Paraguay y Uruguay. Lo que ocurre es que esta región se ve alterada con respecto a los vientos y, con ello, los flujos de calor y vapor de agua producen una circulación atmosférica anómala, es decir, fuera del comportamiento más frecuente.

Para entender mejor este fenómeno, Guillermo Achucarro, Master en Hidrología por la Universidad de Montpellier (Francia), aclara en pocas palabras que El Niño es un fenómeno global que ocurre cada cierto tiempo, en el cual la temperatura de los océanos aumenta y, por ende, hay cierta tendencia incrementada de lluvias o, en otros lugares, ciertos episodios de sequía. “Esto condiciona el cómo llueve y el cómo no llueve en el mundo”, señala.

Por su parte, Eduardo Mingo, director de la Dirección de Meteorología e Hidrología en Paraguay (DHM), presentó el panorama en el que se encuentra la región: “El ENOS (El Niño Oscilación Sur) tiene tres fases: Niño, Niña y fase Neutra. A esta altura del año, el indicador del ENOS muestra una fase caliente que es atribuida a El Niño”. Mingo indicó que, desde meteorología, la señal actual denota un Niño persistente hasta finales del verano del 2024.

Durante los últimos años, la atmósfera ha experimentado una fuerte variabilidad y eso impactó en el país (y la región) con intensidades mayores de todos los fenómenos adversos (sequías, inundaciones, tornados, olas de calor y, aunque parezca extraño, olas de frío en la parte más sureña del continente), como lo explicó el meteorólogo.

Lo que hace más feroz a El Niño

Que tanto en el hemisferio norte como en el sur del planeta las temperaturas de verano e invierno se hayan sentido tan elevadas tiene lógicas que ya fueron advertidas en la última década, y Achucarro las destaca: “Primero hay que entender que lo que está ocurriendo ahora no es sólo El Niño. Si bien esto condiciona el cómo llueve y el cómo no llueve en ciertas regiones del mundo, esto se ve agravado por el cambio climático, por la crisis climática. Entonces hay que entender que son dos elementos lo que están ocurriendo ahora: que El Niño está delimitando cómo están ocurriendo las cosas en el planeta y que esto se ve intensificado, agravado, por el cambio climático y la crisis climática”.

Pero, ¿no es normal el cambio climático? Achucarro ayuda a distinguir la terminología de cambio climático y crisis climática. “Son dos conceptos diferentes: el cambio climático es un concepto científico que hace referencia a cualquier fenómeno meteorológico como lluvia, ola de calor, viento, nieve. Que llueva más, que llueva menos, que haya más o menos viento, que haya más o menos ola de calor”, dice. Y añade que “puede considerarse cambio climático si se corrobora que existen cambios a partir de 30 años de datos”.

Por otra parte, la crisis climática es un concepto más amplio, que connota una gravedad científicamente comprobada. “Es un concepto mucho más social y político que hace referencia no sólo al cambio climático, sino a una conjunción de fenómenos ambientales que hacen que hoy la situación sea tan grave”, sostiene.

“Tanto El Niño (como otros fenómenos) en conjunción con la crisis climática, hace que se altere completamente el ciclo del agua. Entonces, por ejemplo, hace que tengamos inviernos de un promedio de 30 grados, como el que hizo en Argentina en el mes pasado, regiones con inundaciones y, en el norte, incendios forestales”, agrega el especialista.

Una cuestión social y predecible

Los daños causados por El Niño afectan a toda la sociedad. Pero, a su vez, son también ciertamente predecibles, como lo señaló Eduardo Mingo. “La predictibilidad del ENOS es hoy muy elevada a nivel de los Servicios Meteorológicos que tienen como misión seguir el indicador”.

Es decir, la crisis climática puede alterar la manera en la que los fenómenos naturales se dan, haciéndolos más “feroces”. Sin embargo, es posible determinar cuándo se podrían dar estos fenómenos y cuáles son las causas de su incremento. De la misma manera dónde y qué poblaciones serán afectadas, siendo las más susceptibles las más vulneradas económicamente.

Con esto se relacionan las observaciones de Achucarro: “En enero de este año en Paraguay, la región sur del país estaba siendo afectada por una sequía. La ciudad de Pilar declaraba emergencia municipal por la sequía y en el norte del país teníamos inundaciones, donde la mayoría fueron pueblos indígenas quienes resultaron afectados. Entonces, ¿cómo afecta? Modifica completamente el ciclo del agua de una manera que para nosotros es completamente inesperada. En algunas regiones tenemos mucha lluvia y en otras sequías. Eso también afecta claramente a cómo se distribuye el agua potable”.

Otro ejemplo es que en los últimos años las consecuencias del fenómeno El Niño golpearon a los barrios ribereños de Asunción, Paraguay. Familias que se ubican por motivos económicos y laborales a las afueras de la ciudad, como consecuencia de la pobreza, terminan siendo las más afectadas por las intensas lluvias, aun cuando el fenómeno es predecible y los estudios sociales lo evidencian.

En su artículo sobre El Niño, el recordado meteorólogo Grassi también escribía, ya hace 23 años. “Lo más importante es que tratemos de determinar las amenazas y las vulnerabilidades a fin de reducir los riegos, y estar preparados a enfrentar estas manifestaciones de la naturaleza con mejores condiciones de éxito, para mitigar los impactos negativos y explotar los efectos positivos, si los hubiere” •

Lo que ocurre no es sólo El Niño
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