San Benito de Palermo… ¿y del candombe?

Origen de una fiesta popular en Uruguay – La figura de San Benito de Palermo, un santo negro, estuvo históricamente vinculada a la comunidad afro uruguaya. Curiosamente, algunos estudios también lo relacionan con el surgimiento del candombe, manifestación cultural típica del país.

Por Fray Sebastián Montero (Uruguay)

San Benito de Palermo ha sido en Uruguay el santo negro que dejó una huella profunda en la comunidad de esclavos y quien les permitió con su testimonio, el acercamiento a la celebración litúrgica del catolicismo colonial, aportando lo propio de la cultura afro. La imagen de San Benito de Palermo expuesta en el Museo San Bernardino, sigue siendo un punto de encuentro que convoca a la comunidad afro para la salida por las calles de Montevideo, en diversas celebraciones durante el año.

La devoción en América y en Uruguay

Desde los países europeos la devoción a Benito se propagó por todos los países americanos. En su honor se pintaron numerosos cuadros, se labraron imágenes, se levantaron altares, se formaron cofradías, se ofrecieron misas, se organizaron procesiones, se multiplicaron los festejos civiles y religiosos. La devoción a Benito se desplegó de gran manera en los esclavos negros. Muchos habían sido capturados inhumanamente en las selvas africanas, habían sido desarraigados de sus tierras, de sus familias, de su lengua, de sus costumbres, y luego de azarosos viajes fueron vendidos para el trabajo como esclavos.

Todos ellos veían reflejados en Benito los atropellos y las injusticias de que habían sido objeto; pero también recibían de Benito el aliento necesario para superar las crueldades humanas, asociando su dolor y su desamparo al misterio del Señor crucificado. Para todos ellos Benito era un modelo y un intercesor. Por otra parte, provocando esas oleadas de fe y ese despertar religioso, el santo suplía con creces lo que no pudo llevar a cabo en vida.

Como en tantos lugares, la devoción a San Benito de Palermo fue echando raíces en diversas partes del territorio oriental. Luego de la expresión devocional franciscana, las poblaciones que se formaban con familias indígenas, fueron la oportunidad para que los misioneros o conquistadores, introdujeran al santo protector como aquel a quien ellos mismos pudieran tener más afecto, y así imitar sus virtudes.

El aporte franciscano tuvo marcada incidencia en la fundación y participación de la Archicofradía San Benito de Palermo, como así también en el surgimiento del candombe, manifestación cultural típica del Uruguay.

Un elemento significativo del Museo San Bernardino de Montevideo es el valioso material documental que prueba la vinculación del prócer José Gervasio Artigas con los primeros franciscanos del Montevideo colonial y la vinculación franciscana de los negros en una de sus agrupaciones conventuales. La lectura de estos libros, revela como integrantes de la Venerable Orden Tercera de San Francisco fundada en 1742, a los familiares de Artigas (su abuelo y su padre). Por otro lado, ofrece también los primeros documentos de la naciente Archicofradía de San Benito de Palermo, cofradía de negros que asistía a los pobres y se dedicaba al cuidado de los enfermos. Esto admite el comienzo de una rica y compleja historia de interculturalidad entre la iglesia colonial, los franciscanos y los esclavos de aquella época.

Un dato valiosísimo que amerita una mención y un estudio especial, es que el primer candombe que se bailó en público en la ciudad fue, como lo atestiguan los documentos, en una procesión de Corpus Christi.

Quizá en este punto aparecen disonancias en cuanto a la contextualización de aquellos acontecimientos. Los miembros de Organizaciones Mundo Afro relativizan estos datos, valiéndose de otras opiniones como las de Oscar Montaño y Romero Rodríguez, quienes tratan de desvincular por un lado el sentido religioso católico que acompañó el inicio del candombe y por otro, la intencionalidad que presentaba la conformación de estas agrupaciones. Para este último, las cofradías eran dirigidas e institucionalizadas a partir de la Iglesia, pero con una fuerte intencionalidad, “imponer sus códigos y patrones”, siendo un eficaz instrumento para el aculturamiento y la resignación de los esclavos, para evadir cualquier postura de rebeldía.

Más allá de estas apreciaciones disonantes, existen otros elementos que favorecen el hecho histórico del candombe vinculado a la procesión solemne de Corpus Christi y su relación con la cofradía.

La Archicofradía nació el día primero de noviembre de 1773; se fundó en el convento de San Bernardino de Montevideo, y fue destinada para población negra de toda edad, sexo y condición, asociada de alguna manera, como rama de la Tercera Orden Franciscana. El tercer domingo de cada mes se destinaba a honrar al glorioso Benito de Palermo.

La finalidad de esta organización no era solamente robustecer los sentimientos de piedad y religión, sino fomentar la solidaridad entre los negros. Los cofrades tenían su panteón donde recibían la cristiana sepultura. Además se practicaban las obras de misericordia, visitando a los hermanos enfermos y atendiéndolos en todas sus necesidades económicas.

Antecedentes y referencias del candombe

Existen dos corrientes en el orden de los inicios de la música afro-uruguaya. La inicial es secreta y está constituida por la danza ritual africana y conocida por los iniciados, sin trascendencia socializadora. Ésta desaparece con la muerte del último esclavo llegado de África. La segunda es superficial, en el sentido de su rápida y extendida afloración, y fuertemente colorida; en el siglo XVIII constituyó la comparsa que acompañaba a la custodia en la procesión de Corpus Christi, que organizó luego la calenda, tango o candombe que se bailaba entre Navidad y el día de Reyes alrededor del 1800 y se transformó por último en la comparsa de carnaval de las sociedades de negros, desde 1870.

El 7 de mayo de 1760, el cabildo de Montevideo deliberó sobre los festejos a realizarse ese año por las calles de la ciudad con motivo de la procesión de Corpus Christi. Era antigua costumbre de origen medieval, que los fieles agrupados en corporaciones profesionales concurrieran a ella danzando al compás de las bandas militares.

Se hizo comparecer en la sala al vecino José Guido quien había anunciado previamente que tomaría a su cargo “por propia voluntad suya el formar y determinar una danza de negros esclavos” que él mismo instruiría. Se le rogó que continuara con el proyecto pero el gremio de los soldados se negó a concurrir a la procesión para que “no se salieran con la suya los pardos”. A la sesión siguiente realizada el día 15 del mismo mes, estos últimos revocaron su decisión y el Cabildo resolvió que el gremio de los albañiles “pagase 11 pares de zapatos ligeros de badana, que se necesitan para la danza de los negros”.

Estos documentos demuestran fehacientemente que los esclavos africanos ya habían incorporado su ritmo a la sociedad colonial de Montevideo. Por otro lado, también se evidencia la relación existente de estos ritmos en las festividades católicas.

Significado religioso-social del Candombe

Durante la ceremonia del candombe se hacía presente todo el cortejo. Entraba el santo –un San Benito en madera tallada– sobre una parihuela que sostenían sobre sus hombros cuatro figurantes de fuerte complexión y elevada estatura. Detrás de él avanzaban el rey y la reina; el primero con casaca militar vistosa que pedía prestada a su amo, lleno el pecho de medallas y sobre la testa, dorada corona. La reina cargada de chafalonías, grandes collares de cuentas de vidrio y su correspondiente atributo real. Junto a ellos, venia el príncipe o los príncipes, niños ataviados con lujo que se suponían hijos de ambos. A manera de séquito marchaban en dos filas: hombres y mujeres en pareja y por último el grupo de instrumentalistas con mazacallas, marimbas y los infaltables tamboriles. Haciendo saltos en torno al cortejo avanzaban el gramillero y el escobillero. Éste último daba inicio y fin al candombe; abre camino con su escoba y su buen trabajo significaba buenos augurios frente a los malos presagios de la agrupación.

Sobre una elevada tarima se colocaba el santo, en otra inmediata inferior sobre la cual había dos sillones, se ubicaban los reyes, de manera que no cubrieran la vista de la imagen; al pie de los soberanos se sentaban los príncipes, y los instrumentalistas se detenían al lado derecho del santo. Son de capital importancia los detalles de la celebración, para reconocer el lugar que tenía el santo, y la devoción que se desprendía con el despliegue con que se realizaba el cortejo •

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*El autor es fraile franciscano (Orden de Frailes Menores Conventuales). El texto fue publicado originalmente en la Revista Soleriana, de la Facultad de Teología del Uruguay Mons. Mariano Soler.

Llamadas de San Baltasar

La fiesta tiene su origen durante el tiempo de la Colonia, cuando los descendientes afro celebraban las tradicionales Fiestas de San Baltasar en el día de los Reyes Magos (6 de enero), alrededor del Cabildo. Ataviados con sus indumentarias más coloridas, bailaban y tocaban el tambor, convocando y agradeciendo. En realidad el homenaje es a San Baltasar y San Benito, los dos santos negros venerados en la comunidad. Hoy se desfila por la calle Isla de Flores de Montevideo.

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