Un “Cacho” de legado

Organización San Vicente Obra “Padre Cacho” – Se dedica a la promoción y el desarrollo comunitario local. Realiza su labor en zonas del departamento de Montevideo, en Uruguay, caracterizadas por su situación de extrema pobreza y precariedad. Allí, la obra trabaja en distintas áreas bajo la inspiración de padre Cacho, un sacerdote que dejó una profunda huella en su pueblo y que hoy sigue tan vital como siempre.

por Ignacio Amaro (Uruguay)

«Organizarnos para liberarnos de lo que nos impide crecer como personas y comunidad”. A partir de esta premisa, vecinos, voluntarios y equipos técnicos de la Organización San Vicente Obra “Padre Cacho” asumen responsablemente el compromiso diario de cuidar y seguir construyendo e impulsando la vida en las comunidades en donde trabajan. La tarea consiste en gestionar diversos proyectos que buscan la promoción y el desarrollo en tres grandes áreas: educación, vivienda y clasificación de residuos. Con su metodología apuestan al trabajo comunitario y no pasan por alto un detalle muy importante: la participación juvenil. Es con esta luz que brilla en sus ojos que se promueven proyectos y alternativas ecológicas.

La figura del padre Cacho todavía sigue muy presente en Uruguay. A finales de los años setenta, este sacerdote comenzó un camino de acercamiento a la gente de su barrio, aunque no sabía cómo hacerlo. “Yo estaba en esa angustia de cómo dar el paso, cuando un día aparece una señora en la parroquia pidiendo que un padre fuera a hacer algo por los jóvenes”, contó una vez el sacerdote, en una charla.

A pesar de su buena predisposición recibía comentarios del estilo “si vivieras acá verías que todo es muy distinto”. Cacho asumió el desafío: “Consíganme un lugar y yo vengo”, les dijo. Los chicos hicieron un rancho y lo invitaron, y dos de ellos se quedaron con él para acompañarlo. Así inicia el padre su camino en el barrio, en donde poco a poco toma contacto con las familias de la zona. Sin mayor planificación o proyección hacia el futuro, comienza a brindar propuestas, alternativas y soluciones para las necesidades que tenían en ese momento.

Sobre los inicios de la Organización San Vicente, la coordinadora general, Ana Laura Scarencio, recuerda: “Había un grupo de familias que estaban viviendo en un terreno y les llega el desalojo. El padre Cacho las ayudó y trabajó con ellas para que pudieran construir su casa. Así, sin buscarlo, empieza a formar una organización vecinal que a fines de los años ochenta obtiene la personalidad (personería) jurídica y se denomina Organización San Vicente, debido a la colaboración entre las Hermanas Vicentinas y el padre Cacho”.

Ana Laura resalta que la imagen de Cacho está tan presente en su proyecto, que a lo largo de estos años se conservan las propuestas y líneas originales de trabajo que el sacerdote comenzó a soñar con los vecinos de aquellos tiempos.

Sobre el funcionamiento de la organización, la coordinadora detalla que existen tres áreas de trabajo: Educación, Vivienda y Clasificación. En la primera, se enmarcan los proyectos de primera infancia y para adolescentes que están en etapa de formación (ya sea en la etapa inicial o en alguna capacitación de estudio específico para el empleo). “Es un espacio donde los adolescentes tienen apoyo y talleres”, explica Ana Laura.

En cuanto al área de Vivienda, que surgió como ayuda a este grupo de familias que estaban siendo desalojadas, la mujer detalla que lo que se hace es “acompañar a la comunidad” con la “inserción de esas familias en nuevos barrios, formar comisiones de trabajo y organizarse para vivir en la nueva casa”.

Por último, el área de Clasificación de residuos surge debido a la preocupación del padre Cacho por dignificar el trabajo de clasificador. La organización presenta propuestas de mejoramiento del barrio con recolección diferencial para clasificadores, además de la posibilidad de transportar los residuos al sitio de disposición final.

La Organización también fomenta cooperativas o emprendimientos en los cuales el clasificador tiene su propio proyecto, y con el que trabajan en una tarea específica. “Tiene una tarea más digna y que de alguna manera es más organizada, pensando en su futuro”, dice Ana Laura. “La población tiene que aprender la importancia de la disposición de los residuos, su manejo, la reutilización, el reciclaje, y que el clasificador puede estar involucrado en toda esa cadena”, agrega.

Ana Laura Scarencio hace énfasis en la cantidad de miembros jóvenes con los que cuenta la Organización y el rol que cumplen dentro de ella. “Todos nuestros equipos de trabajo están integrados, generalmente, por personas jóvenes. Se acercan con ganas de conocer la Obra, saber quién la fundó y cómo, y cuánto tiempo hace que se trabaja en el barrio. Sin dudas, hay adolescentes que necesitan propuestas de inserción y nosotros estamos dispuestos a acompañarlos con nuestras áreas de trabajo” •

Para conocer más: www.osvpadrecacho.org.uy

Padre Cacho, “el cura de los cantegriles”

Rubén Isidro Alonso, conocido como “Padre Cacho”, nació en el barrio Villa Dolores, de Montevideo, el 15 de mayo de 1929. Fue el tercero de seis hermanos. Ingresó a los doce años al Seminario Salesiano de Manga, y más tarde vivió en Argentina, donde cursó sus estudios de Teología. En 1959 fue ordenado sacerdote dentro de la congregación salesiana.

En 1978 aceptó trasladarse a Montevideo e instalarse en la Parroquia de los Sagrados Corazones, en la zona de Aparicio Saravia, una de las más carenciadas de la ciudad. Trabajó en comunión íntima con los vecinos de esos barrios, al punto de decidir mudarse al barrio Plácido Ellauri, a un rancho de lata y madera, similar a los de la mayoría de sus pobladores.

Trabajó en la organización de hogares de acogida y cooperativas de vivienda, además de participar en las movilizaciones por la dignidad del trabajo de los clasificadores de residuos.

Siempre orientó su trabajo a los jóvenes y los pobres, y ejerció su sacerdocio en Rivera, Paysandú y Montevideo. Desarrolló una obra empeñada en conseguir vida y vivienda dignas, y es recordado como “el cura de los cantegriles”. Víctima del cáncer, falleció el 4 de septiembre de 1992. Días después, el Parlamento uruguayo le rindió homenaje.

Un “Cacho” de legado
Comparte en tus redes sociales

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Scroll hacia arriba