James Webb, el nuevo telescopio espacial – Las nuevas imágenes publicadas por la NASA en julio pasado revelan detalles y elementos del universo hasta ahora desconocidos. La astronomía actual nos permite observar galaxias lejanas tal como eran miles de millones de años atrás.

por Gabriel Ferrero* (Uruguay)

Hace algunas semanas se publicaron las primeras imágenes, sumamente hermosas, captadas por el nuevo telescopio espacial James Webb. Se trata de un telescopio ubicado a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra que gira, junto con ella, alrededor del Sol.

El telescopio Webb fue diseñado para detectar únicamente luz infrarroja, un tipo de luz muy parecida a la luz visible que emiten muchos objetos, pero que nuestros ojos no pueden percibir. Es, por ejemplo, el tipo de luz que utilizan los dispositivos de control remoto para conectarse con nuestros televisores. Las estrellas, los planetas, las galaxias y muchos otros objetos en el universo también emiten luz infrarroja. Sin embargo, en muchos casos, la mayor parte de la luz visible que emiten esos objetos es absorbida por nubes de gas y polvo que flotan en el espacio, y por eso no podemos verlos. Pero la luz infrarroja es capaz de atravesar esas nubes y, por lo tanto, nos permite observar lo que hay dentro y detrás de ellas.

Este nuevo telescopio es, además, mucho más grande que el telescopio espacial Hubble, su predecesor más famoso. El elemento principal que utiliza para captar la luz es un espejo de 6,5 metros de diámetro, mientras que el Hubble tiene uno de 2,4 metros de diámetro. Esto permite al Webb observar objetos mucho más débiles, ya sea porque en sí mismos emiten poca luz o porque están muy lejos.

La capacidad de observar objetos muy lejanos hace posible verlos tal como eran hace muchísimo tiempo. Tenemos que tomar en cuenta que la luz se propaga muy rápido, a una velocidad de 300 000 kilómetros por segundo. Por eso, cuando observamos una galaxia que está muy lejos, estamos viendo luz que salió de esa galaxia hace mucho tiempo. Con el telescopio Webb podemos ver una enorme cantidad de galaxias tal como eran hacen 13 000 millones de años, y aún más. Si pensamos que el universo tuvo su inicio hace unos 13 800 millones de años, resulta que ahora tenemos la posibilidad de observarlo tal como era cuando tenía “apenas” algunos cientos de millones de años.

Por otra parte, apuntando a estrellas cercanas, parecidas, tal vez, a nuestro Sol, Webb nos permite estudiar la composición química de las atmósferas de los planetas que giran alrededor de ellas. Podremos avanzar así en la búsqueda de respuestas a preguntas que nos interpelan profundamente. La más inquietante de todas, quizá, es la posibilidad de encontrar planetas en los cuales existan seres vivos.

Ya sea que apuntemos la mirada hacia nuestros orígenes, hacia nuestras vecindades galácticas o hacia extraños planetas, lo cierto es que la investigación astronómica indica que nuestra fascinante aventura humana solamente está empezando•

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*El autor es doctor en Astronomía, licenciado en Física, docente e investigador de la Universidad Nacional de La Plata y miembro del Instituto de Astrofísica de La Plata.

Un nuevo capítulo de la aventura humana en el universo
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