Una mirada a nuestra realidad

Pueblo mapuche – Chile atraviesa un proceso histórico en la reforma de su Constitución, y eso implica la representación de pueblos originarios que han sido marginados, como el mapuche. Es el inicio de un camino de acercamiento entre culturas que, a partir del reconocimiento del otro, pueden coexistir.

por Ingrid y Eva Caurapán* (Chile)

«Mari mari kom pu che, mari mari pu lamngen! Inchiwta Ingrid y Eva Caurapán Puelpán, pingentati. Inchiw tayin choyun Walmapu, Chile meumulei”: “Un saludo a todos, saludo, hermanos y hermanas. Somos Ingrid y Eva Caurapán Puelpán. Nacimos en el Wallmapu, zona de la Araucanía, Chile, y pertenecemos al pueblo o nación mapuche.”

Históricamente, los pueblos originarios han sido vulnerados en sus derechos. En muchos ámbitos casi se ha perdido la lengua nativa y, como sabemos, la lengua otorga identidad. Nuestros padres fueron hablantes pero optaron por no enseñárnosla, como muchas otras costumbres de nuestra cultura.

Tomaron esta decisión para que pudiéramos desenvolvernos e insertarnos en esta nueva sociedad chilena. Sentíamos vergüenza de reconocernos mapuches por las burlas y menoscabo que nos hacían en la escuela. Los antepasados eran castigados por hablar su lengua y por practicar la cultura, y eran obligados a dejar de lado sus creencias para aceptar las creencias religiosas impuestas.

En su mayoría, nuestros antepasados han sido criados en la cultura huinca chilena. Nosotras, desde pequeñas, crecimos en colegios católicos y, en un determinado momento, debimos migrar a la capital para seguir estudiando y luego trabajar. A muy temprana edad conocimos el Movimiento de los Focolares, donde comprendimos que este Dios todopoderoso es Amor. Conocimos la fraternidad.

Cada cosa de la creación está aquí por el amor infinito de este Dios. Esto nos hizo mucho sentido cuando analizamos que uno de los principios fundamentales de nuestra cultura mapuche es el respeto, el cuidado de las personas y de toda la naturaleza. ¿Por qué? Porque todas y todos, cada uno, han sido creados por un ser superior: Ngenechen.

De hecho, en nuestros saludos, siempre usamos las palabras hermano o hermana. Y la persona no se considera dueña de todo, sino una más dentro de toda la creación, donde coexistimos. Con esta mirada, que llevamos ancestralmente, nos sentimos muy fortalecidas y adherimos a este gran Ideal de Chiara Lubich, que propone la unidad a través de la fraternidad universal.

Las dos hemos seguido muy de cerca los procesos que nos afectan como chilenos y chilenas. Así es que hemos manifestado nuestro apoyo al histórico proceso constituyente, donde por primera vez en la historia chilena nos sentimos incluidas y representadas como pueblo mapuche.

Lo más importante de esa representación es que sea en forma pacífica. Por eso, cada vez que estamos en un grupo, queremos ser puentes de unión y de paz, sobre todo cuando se enardecen los ánimos. Fue en este contexto que una de nosotras, Eva, aceptó el desafío de ser candidata a constituyente, impulsada por algunos. Y a pesar de no haber sido electa como representante, para ella fue un aprendizaje. “No salí elegida, pero ese hito permitió reconocerme, conocer nuestra historia y superar completamente mis complejos”, dice Eva.

Claramente, este es el inicio de un camino en donde se pueden resarcir hechos que tanto daño causaron a nuestros ancestros. Podemos decir que, como descendientes de este pueblo originario, queremos aportar y contribuir a esta sociedad tantas veces fragmentada, con mucho dolor, atravesada, a veces, por odios y rencores.

Son granitos de arena que poco a poco irán formando una gran playa. Y con la ayuda de Ngenechen, serán aportes que contribuyan a una nueva sociedad.

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*Eva Caurapán es especialista en Recursos Humanos y fue candidata en las últimas elecciones constituyentes por un grupo de Independientes no Neutrales. También es miembro del Movimiento Políticos por la Unidad (MPPU). Tanto ella como su hermana, Ingrid, pertenecen a la rama de las Voluntarias del Movimiento de los Focolares.

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