El Sol, un espíritu poderoso y padre de la vida

Festividades indígenas: Inti Raymi – El culto al Inti, dios del Sol, ocupaba un lugar central en la comunidad inca que habitó la provincia de Catamarca, en Argentina, hace 500 años. En la actualidad, se siguen realizando rituales en cada solsticio de invierno y los campesinos de la zona aún poseen costumbres de agradecimiento.

por Elizabeth Guzmán, María Victoria Acosta y Romina Cruz* (Argentina)

El culto al Sol pertenece a todas las culturas del mundo. Antiguos sabios observaron los solsticios y los cambios que estos generaban, por lo que las ceremonias durante los solsticios son frecuentes en la mayoría de los pueblos originarios. Los exploradores y arqueólogos que, desde el siglo XIX, investigan el valle de Yocavil, en la provincia argentina de Catamarca, han encontrado testimonios aborígenes relacionados con los cultos solares. Testimonios que están presentes en el paisaje y que forman parte de la conciencia identitaria de los pobladores de la zona.

El enorme reloj solar de la Quebrada del Puma, en el Sitio Rincón Chico, a casi 200 kilómetros de la capital de Catamarca, aún hoy sigue marcando los ciclos solares como hace miles de años. Es un espacio donde lo sagrado se intuye, se respira y emociona. Rincón Chico no posee evidencias de presencia inca, por lo que se infiere que el espacio sagrado de la Quebrada del Puma corresponde a cultos originarios preincaicos. 

Existe otro sitio arqueológico, conocido como La Ventanita de Fuerte Quemado, también en Catamarca, que constituye una marca de la memoria en un paisaje elevado en altura. Se trata de una marca que se levanta en un espacio donde fueron registrados testimonios arquitectónicos de altura, vinculados con cultos solares incas. Al respecto, el arqueólogo Javier Nastri considera La Ventanita como el símbolo de la reemergencia identitaria de las comunidades indígenas que habitaban los valles Calchaquíes. En esa línea, la arqueóloga Alejandra Reynoso expresa que “como una forma clara de resignificación, actualmente este sector del Sitio es utilizado por las comunidades de la zona como un centro ceremonial, para observar el sol naciente en el solsticio de invierno”.

Es en La Ventanita en donde el arquitecto Enrique Maturano, estudioso de la cultura inca, impulsa en la década de los ochenta el festejo de la ceremonia del Inti Raymi, celebración del solsticio de invierno que realizaba aquel pueblo indígena. Para Maturano, se trataba de un patrimonio andino de gran importancia para el paisaje de Yocavil.

Es así que, en junio de 1988, el arquitecto comenzó con visitas anuales ininterrumpidas a La Ventanita, que consistían en observaciones y mediciones del sol, en el solsticio de invierno. En el año 2007, una exalumna de Maturano gestionó la puesta en escena de un producto cultural denominado Inti Raymi, una fiesta para recrear y recuperar, cuyo objetivo era revalorizar la celebración.

El Inti Raymi era una antigua celebración religiosa inca en la cual el pueblo le rendía culto a su dios: el Inti o Sol. Duraba unos 15 días, se hacían sacrificios y se presentaban bailes o danzas para adorar al “dios Sol”. El último Inti Raymi que se realizó con la presencia del emperador inca fue en el año 1535, un año antes de la Conquista española de 1536. Durante la época de la Conquista, los súbditos del emperador inca siguieron festejando a escondidas de las autoridades españolas. Un mestizo, llamado Garcilaso de la Vega, se encargó de recopilar y plasmar estas festividades en su famosa obra Comentarios Reales.

Todavía existen prácticas vinculadas con el sol en nuestros días. Don Pedro Marcos Cruz, campesino del valle Calchaquí, cuenta: “Cuando se carnean los chivos, la sangre que sale del cogote se la tira en forma de cruz hacia donde sale el sol, para que nazcan chivos como nace el sol, todos los días. Mientras dicen: ¡Come, sol, come, sol!”.

Doña Nely Cáceres, también campesina, menciona otra de las prácticas: “Antes de matar el animal se le hace una cruz en el ojo para que no tenga resentimiento. Se tira la sangre en forma de cruz hacia donde sale y donde se pone el sol, para el Yastay (dios protector de los animales) y para la Pachamama (Madre Tierra)”.

Dentro del Valle las ceremonias de san Juan Bautista también forman parte de los cultos del solsticio de invierno. San Juan Bautista vivió en el desierto y bautizó a Jesús, por eso se afirma que en su día, todas las aguas están benditas. Cuando llegó el catolicismo a América, las ceremonias de fuego, los festejos y agradecimientos del mundo precolombino se fusionaron con las prácticas cristianas, dando lugar a una tradición que se prepara para recibir y vivir un nuevo ciclo con fe y energías renovadas.

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*Las autoras son docentes del área de Gestión y Promoción cultural en FAPIC (Formación Artística para las Industrias Culturales de Catamarca).

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