El Pacto Educativo Global busca unir a la sociedad en una alianza educativa para garantizar una educación integral y de calidad, afrontando la desigualdad y construyendo un futuro inclusivo.
por Carina Rossa (Argentina)*
Construir una fuerte alianza planetaria o un nuevo contrato social entre organizaciones educativas de todo el mundo. Este es el objetivo del Pacto Educativo Global al que el papa Francisco y, desde otra perspectiva, también la Unesco invitan a todos los agentes de la sociedad. Pocas veces en la historia ha existido tanta sintonía entre las grandes agencias en torno a la importancia de la educación y su papel determinante en el crecimiento de las personas y de las sociedades.
Ya son muy abundantes las iniciativas que nos invitan a trabajar juntos. Involucrar a todos es una consecuencia lógica en un mundo interconectado que abarca todo el planeta, pero, sobre todo, es una urgente necesidad para garantizar el derecho a una educación integral y de calidad para todas las personas. Educación y desigualdad son dos realidades íntimamente relacionadas. La educación es una oportunidad con potencial de transformar vidas; sin embargo, como dicen los últimos informes de la Unesco, unos 250 millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, es decir, el 17 % del total mundial, no están escolarizados. La educación puede cambiar el mundo, puede contribuir a la construcción de sociedades más inclusivas y ayudar a aprender a vivir juntos. Cuando se ofrece educación se construyen puentes, pero si esta oferta es desigual, se construyen muros. Para hacer frente a estos grandes desafíos, no se propone una acción educativa particular ni se invita a la elaboración de un programa, sino que se pone el foco en un pacto o alianza educativa entre todos los agentes de la sociedad, porque la educación la construimos todos juntos.
Una aldea educativa global
Desde que el Pacto Educativo Global (PEG) camina, se están activando acciones locales concretas a través de pactos educativos territoriales inspirados en el proverbio africano “para educar a un niño se necesita toda la tribu”. El gobierno de la Región Norte de Santander, de Colombia, apuntando a 2050, decidió poner la educación en el centro de las decisiones políticas y, para ello, convocó a un amplio grupo compuesto por ONG, organizaciones privadas, comunidades educativas, universidades y otras entidades culturales.
Otro ejemplo es “Un pacto educativo para Centocelle”. En un barrio periférico de Roma, la institución Borgo Ragazzi Don Bosco convocó a padres, jóvenes, educadores y trabajadores sociales para poner en marcha una escuela popular que acoge inmigrantes, con el objetivo de prevenir a los niños del aislamiento social extremo, este peligroso fenómeno conocido como hikikomori. Se trata, por lo tanto, de construir comunidades auténticas, tejiendo redes entre las diferentes agencias educativas y las asociaciones locales, en función del bien común.
Criterios básicos
Llegados a este punto, nos podemos preguntar por los criterios básicos para construir un pacto educativo. Desde una lectura de la realidad, y abiertos a las novedades que se van generando, podemos indicar los siguientes:
1- Amplitud e inclusividad: el Pacto Educativo Global pretende construir una alianza lo más amplia posible que incluya la educación formal y la no formal, todos los niveles y grados, instituciones educativas públicas y privadas, de diferentes culturas y religiones y de todos los ámbitos sociales. Localmente, propone la participación de todos los agentes, desde el ayuntamiento a las empresas, desde los medios de comunicación a la parroquia, desde las ONG a los clubes y sociedades deportivas, desde las asociaciones culturales y artísticas al resto de asociaciones. Todos ellos se comprometen a invertir las mejores energías en favor de las nuevas generaciones. Por ejemplo, en la Ciudad de los Muchachos, de Roma, varias organizaciones constituyeron una mesa de trabajo con el objetivo de mejorar la situación de los menores extranjeros no acompañados, conocidos en España como menas. La mesa de trabajo está compuesta por organizaciones que se ocupan directamente de los menores pero también por otras, como algunas universidades o representantes de los medios de comunicación y del sector cultural, que ofrecen su perspectiva y aporte institucional. Se trata de generar iniciativas donde los menores sean protagonistas y no solo destinatarios de las acciones que promueven las instituciones. La mesa se está ampliando con la participación de los adolescentes, para escuchar su voz y sus aportaciones y pensando no solo en ellos mismos sino en los demás.
2- Partir de situaciones reales y concretas: se aconseja partir de una situación presente localmente que responda a un problema, una necesidad o un sueño común. En el centro educativo Fiore, de Guatemala, los alumnos siguen el método 6×1: seis pasos, un único objetivo. En una visita, detectaron el sufrimiento que padecía la comunidad local maya para establecer vínculos con el resto de los habitantes de aquella zona. Familias, empresas privadas y personas del lugar se involucraron para realizar juntos una actividad ecológica y, para ello, pidieron a la población originaria que compartiera con el resto sus conocimientos sobre la relación con la naturaleza. Posteriormente, la experiencia fue presentada en la universidad local como ejemplo de buenas prácticas, dado que se habían seguido los pasos que aseguran un buen proyecto, es decir, haber contado con todos en cada fase del camino que se está recorriendo: diagnóstico, sensibilización, ejecución de las actividades, reflexión y evaluación.
3- Respeto por las alianzas y proyectos preexistentes: el pacto educativo no pretende anular el camino trazado, sino dar visibilidad a las buenas prácticas ya existentes y fortalecer las alianzas que ya funcionan a nivel local. La novedad que aporta se puede insertar, humildemente, iluminando y dando pistas a proyectos fecundos. En la República Democrática del Congo, el proyecto Maison de Paix aspira desde hace años a la construcción de una ciudadela educativa, tendiendo puentes entre varias organizaciones locales y cooperando con organismos internacionales. La inserción del proyecto en las actividades del Pacto a través de su área “Fraternidad y Cooperación” ayudó a orientar los objetivos y aportó una mirada africana del PEG al resto del mundo.
4- Conectarse y trabajar a nivel mundial: es importante que existan instancias e instrumentos adecuados para que cada territorio pueda compartir su recorrido con otros, aprender juntos, colaborar y apuntar a la construcción de la “aldea global” de la educación. Las universidades que se adhieren al Pacto Educativo Global, por ejemplo, han construido una red para compartir buenas prácticas. Los congresos y webinars, las manifestaciones y los proyectos conjuntos, el intercambio y las visitas a otros lugares donde se trabaja con los mismos objetivos ayudan concretamente en esta construcción.
5- Construir desde el futuro: cambiar el enfoque y aprender a leer nuestra historia comunitaria, no desde el pasado, sino empezando por el final, por lo deseable, corrigiendo lo que sea necesario para que ese futuro llegue pronto. Seguramente todos deseamos una sociedad más justa, humana, fraterna, solidaria y sostenible que procure para todos el “bien común”. Preguntemos a los jóvenes cómo ven el futuro, sus temores, preocupaciones y esperanzas para que, a partir de las nuevas generaciones, podamos construir juntos la educación del y para el futuro. El papa Francisco afirmaba que “la educación es un acto de esperanza, porque abre nuevos horizontes, porque invita a soñar y ofrece un horizonte de sentido”.
La esperanza es la más pequeña de las virtudes pero la más importante, sobre todo, en tiempos de crisis. La esperanza abre la mirada hacia quienes son el futuro y el presente de la educación: los jóvenes, que están llamados a asumir el protagonismo en el Pacto Educativo Global. Hoy, todos tenemos la responsabilidad de ofrecer una educación que les abra los horizontes del mañana, que tenga sentido •
Esta nota fue originalmente publicada en la revista LAR, editorial Ciudad Nueva, España.
*Doctora en Educación. Investigadora en la Universidad LUMSA de Roma. Miembro del Comité ejecutivo del Pacto Educativo Global en el Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede.



