Capítulo 16 –Charlamos con Alessandra (Ala) sobre el peligro de vivir una vida de modo superficial, una vida empobrecida y cómo esto cambiará nuestro modo de relacionarnos con los demás.
Por Alessandra (Italia) y Claudio Larrique (Uruguay)
—¿Algún secreto para no quedarnos en la superficie de la vida?
—Durante muchos años me he quedado en la superficie de la vida: llega un punto en que uno vive simplemente por existir y se deja llevar por la corriente de los días, cada uno igual al anterior, sin dejar rastro. Incluso uno intenta hacer bien sus deberes, pero en lo que hace, cada vez se entrega menos. A menudo, por miedo a que la vida le haga daño donde ya duele, se pone una máscara que lo protege de los demás y de sí mismo. Pero vivir así empobrece día a día hasta que descubres que no tienes nada en tus manos, que no sabes adónde ir. Es entonces cuando hay que parar e intentar comprender quién es uno. Para ello, primero hay que descubrir quién es uno, adentrarse, aunque dé miedo, en su interior y mirar con sinceridad y honestidad, ante todo, lo que uno es. Ver más allá de la máscara que te has puesto para defenderte, para redescubrir emociones y deseos profundos, para descubrir las heridas que la vida inevitablemente deja en todos, y para comenzar a sanarlas. Sánalas reconociéndolas en lugar de huir: al hacerlo día a día, incluso cuando parezca difícil, puedes descubrir el significado de cosas que creías sin sentido, o la razón de lo que te duele tanto. Pero junto con las heridas que te han acompañado a lo largo de tu vida, también descubrirás la belleza que reside en tu interior, a menudo oculta por esas mismas heridas, y poco a poco darás un nuevo significado a las cosas, poco a poco buscarás una relación profunda e introspectiva con quienes te rodean, porque solo eso perdura para siempre. Poco a poco, y quizá con dificultad y dolor, descubrirás el sentido de tu existencia en esta tierra, y día a día tendrás ante ti una vida siempre nueva, plena y que no se queda en la superficialidad.
—Y con respecto a los que nos rodean, ¿cómo mirarlos con ternura?
—Mirar a los demás con ternura es comprender sin juzgar, es compasión, es decir, sufrir con ellos hasta sentir en nuestro corazón lo que les duele. La ternura es esa empatía que hace que el otro se sienta bienvenido tal como es, incluso con lo peor que cree ser. La ternura es acariciar delicadamente las heridas del otro hasta que sanen.
Pero para mirar a los demás con ternura, primero debemos aprender a hacerlo con nosotros mismos: si no aprendo a ser tierno conmigo mismo, a pesar de mis luchas y mis fracasos, no podré serlo con los demás. Si no sé leer profundamente el dolor que guardo en mi alma y acogerlo con los brazos abiertos, no podré hacer lo mismo con los demás. Si aprendo a mirar con ternura al niño que sufre dentro de mí, entonces podré descubrir al niño que sufre en los demás, y los miraré con ternura y los amaré.



