Salud mental y políticas públicas – En Argentina, la Ley de Derecho a la Protección de la Salud Mental reconoce a las personas como sujetos de derecho y no como simples objetos de asistencia. Un abordaje integral de la salud mental requiere de un trabajo de actores institucionales, equipos de salud y una sociedad que reciba y no segregue.

por Mónica Lubercio* (Argentina)

La salud mental nos atraviesa e involucra a todos, ya que el padecimiento de alguna patología es algo que nos ha pasado o puede pasar en cualquier momento de la vida. Basta pensar en las consecuencias que vivimos en el contexto dado por la pandemia de covid 19. Por eso, eliminar el estigma y prejuicio sobre quienes sufren problemas de salud mental depende de todos.

¿De qué hablamos cuando hablamos de salud mental?

Para comprender, lo primero que hay que hacer es conocer su definición. Nos detendremos en lo que, aquí, en Argentina, dice la Ley N° 26.657 de Derecho a la Protección de la Salud Mental. Esta define la salud mental como “un proceso determinado por componentes históricos, socioeconómicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona. Se debe partir de la presunción de capacidad de todas las personas (…)”.

Esta normativa (que fue fruto del trabajo de muchos años de profesionales de la salud, usuarios del sistema y/o sus familiares, asociaciones vinculadas con la temática, en el marco de leyes y normativas internacionales) pone en primer lugar el respeto y la dignidad de las personas con padecimiento subjetivo, proponiendo básicamente un cambio en el paradigma de su concepción y abordaje.

Es decir, las prácticas de atención en el sistema de salud (tanto público como privado) deben ser respetuosas de las personas y su dignidad. Se deja de entender a las personas con discapacidad mental como objeto de asistencia, para considerarlas sujetos de derechos. Y no solo las personas con alguna discapacidad, sino que todas aquellas que utilizan los servicios de salud son sujetos de derecho.

También el abordaje de personas con consumo problemático de drogas (legales e ilegales) queda enmarcado en esta ley. En su art. 4° sostiene: “Las adicciones deben ser abordadas como parte integrante de las políticas de salud mental. Las personas con uso problemático de drogas, legales e ilegales, tienen todos los derechos y garantías que se establecen en la presente ley en su relación con los servicios de salud”.

Si siguiéramos desplegando cada artículo de esta norma, veríamos entre otras cosas que la atención en el ámbito de la salud debe llevarse adelante en equipos interdisciplinarios. Es decir que ya no son solo los psiquiatras y/o psicólogos los que determinan la salud mental de alguien, sino que los procesos son acompañados por otros profesionales, tales como trabajadores sociales, acompañantes terapéuticos, terapistas ocupacionales, músicoterapeutas, enfermeros. No se trata solo de síntomas. Es la persona y su historia, sus vínculos, su contexto.

La ley a la que hacemos referencia fue sancionada en el año 2010. Para su implementación, los Estados, nacionales, provinciales y municipales, deben generar políticas públicas a través del Ministerio de Salud que den respuesta desde esta perspectiva, integrando la salud mental al sistema de salud. Porque sin una no alcanzaremos la otra.

 A 12 años de la sanción de la ley, ¿en qué punto estamos?

Lamentablemente, estamos lejos de su aplicación plena. Los motivos son varios. Por un lado, los Estados no han promovido políticas públicas integrales que puedan dar respuesta a la complejidad del tema. Por otro, existe una puja entre sectores que no acuerdan con la normativa, que traccionan a partir de engaños (como decir que la ley no permite la internación), además de los problemas que surgen desde algunas asociaciones de psiquiatras (con una mirada médico-hegemónica) o los vinculados con la industria farmacológica (que ve afectada la ganancia de millones con el expendio de psicofármacos).

En Argentina, particularmente en la provincia de Buenos Aires, hay todavía muchas personas internadas en hospitales monovalentes (psiquiátricos) y en clínicas psiquiátricas privadas. Aun así, una problemática de salud mental puede y debe ser atendida por efectores de salud, como centros comunitarios, y no necesariamente algo especializado.

Pero lo cierto es que si bien se ha iniciado un proceso de adecuación de las clínicas y los hospitales, aun no se completó. Para quienes “viven” o han vivido allí (muchas personas, tanto mujeres como hombres, llevan internados más de 10 años), se trata de recomponer una vida digna. La mayoría de ellos ha perdido el vínculo con su familia, los lazos con la sociedad, bienes muebles e inmuebles, capacidad de decisión, privacidad, autonomía de sus actos. La vida después del manicomio hay que reconstruirla. Esto es sumamente complejo y requiere de un andamiaje adecuado, formado por equipos de salud que alojen y aborden desde el respeto por la singularidad. Que cuiden y den continuidad de cuidados. Que promuevan la adquisición de autonomía (la mayor posible). Pero también de otros actores institucionales y fundamentalmente de una sociedad que reciba, que no segregue, que no mire para otro lado.

 Como sociedad, ¿cuál es nuestra parte?

Todos podemos conocer a alguien que atraviese una situación de salud mental. Tener prejuicios y discriminar, no ayuda. Nuestra intervención puede no curar, pero sí acompañar en ese proceso para que quien padece no se sienta solo, y que sienta confianza en el pedido de ayuda.

¿Qué acciones o gestos podemos realizar si alguien cerca de nosotros se encuentra atravesando una situación de salud mental? Ponemos como ejemplo las acciones difundidas este año por la Organización Panamericana de la Salud para el mes de la Salud Mental, cuyo lema fue #HazTuParte:

• Preguntarle si desea apoyo.

• Hablar con la persona directamente, no con sus amigos o familiares.

• Escuchar atentamente y evitar interrumpirla.

• No dar por sentado que entiende. Aclarar lo que hemos e ntendido preguntando.

• Mostrar amabilidad, respeto y comprensión.

Actuando así, reducimos el estigma y contribuimos a crear un entorno en el que las personas pueden obtener la ayuda que necesitan para vivir con su condición de salud mental •

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*La autora es trabajadora social y maestranda en Salud Mental. Subsecretaria de salud mental, consumos problemáticos y violencia en el ámbito de la salud, Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires.

1. Ley Nacional N° 26.657, sancionada por el Congreso Nacional el 25 de noviembre de 2010, promulgada el 2 de diciembre de 2010, reglamentada con el N° 603 el 28 de mayo de 2013.

Información importante

Si tú o alguien cercano necesita orientación y/o ayuda:

Teléfonos: 0800-222-5462 en la provincia de Buenos Aires / 0800-999-0091 a nivel nacional en Argentina / Línea 141 SEDRONAR. Para comprender más sobre el tema sugerimos ver el cortometraje sobre salud mental Votamos. Premio Goya 2022. Disponible aquí.

No es cosa de locos, es cosa de todos
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2 comentarios en «No es cosa de locos, es cosa de todos»

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