Ser parte de una nueva cultura

Editorial

La complejidad y vastedad de las sociedades contemporáneas a veces pueden abrumarnos. Tantos desencuentros, diferencias que parecen insalvables, la lógica del individualismo y del sálvense quien pueda es capaz de llevarnos, no en pocas ocasiones a lo largo de la vida, a creer que la fragmentación social y cultural es un camino irreversible. Es más, quizás hasta nos haga bajar los brazos, invitándonos así a una actitud pasiva que provoca ser arrastrados por una corriente sin conocer el destino al que estamos siendo dirigidos.

Sin embargo, hay una potencialidad en la autenticidad de cada persona que a veces desconocemos. ¿Quién no se ha sentido solo alguna vez remando en contra de esa corriente en su ámbito de trabajo? ¿Quién no ha sido en ciertas ocasiones víctima de ese individualismo impregnado en las estructuras sociales? Quizás hayan sido experiencias pequeñas o grandes, pero que han sacudido el interior de cada uno preguntándose: “¿Y qué puedo hacer para modificar esta realidad?

En este sentido, el diálogo asoma como “la” herramienta que puede ayudarnos a construir una humanidad nueva. Así como seguramente hemos sido testigos y protagonistas de tantas situaciones en las que dialogar con otros que piensan diferente nos ha abierto un horizonte más claro para resolver o enriquecer una situación que podría parecer estancada o sin salida, lo mismo sucede cuando nos disponemos y favorecemos ese diálogo con la realidad que nos circunda y a la que pertenecemos.

Es allí donde entra en juego aquello que cada uno puede aportar. En distintos artículos de la presente publicación se pone de relieve el concepto de “inundación”, término que la fundadora de los Focolares, Chiara Lubich, toma de Juan Crisóstomo, quien manifestaba que la sabiduría cristiana era como un río que, poco a poco, inundaba todas las realidades humanas. Es decir, generar una nueva cultura que dialogue con la sociedad contemporánea y con los diferentes ámbitos de la vida profesional del ser humano.

Esta iniciativa ayudó a crear redes de pensamiento y de acción capaces de regar aquellas áridas estructuras existentes, generando signos vitales de una nueva sociedad, de una nueva cultura del diálogo.

Desde hace años, personas de diferentes culturas donan sus particularidades en pos de una unidad que se nutre precisamente de esa diversidad. Ya sea en ámbitos como la política, la economía, la psicología, la pedagogía, la ecología, el deporte, la comunicación, la arquitectura, el arte, la medicina, la sociología, el derecho. Son cientos los individuos que ya no experimentan la soledad al luchar contra una corriente capaz de arrasar lo que encuentra a su paso, sino que en esa comprobación de la existencia de otros que pelean por los mismos ideales encuentran la fuerza para seguir adelante, sintiéndose actores protagónicos de un cambio cultural que surge de abajo hacia arriba, de los pequeños actos cotidianos a las grandes estructuras sociales y culturales •

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